Cada día necesito cinco horas de viaje para llegar a la universidad”. Así resume Jordi Creus, estudiante de la Universitat Politècnica de Catalunya (UPC), su odisea diaria con el transporte público. Vive en Tordera, un municipio del Maresme que, junto a Palafolls, carece de línea common directa de autobús hacia Barcelona. La conexión ferroviaria es la más larga de la R1 y cuando los trenes fallan “tenemos que ir hasta Blanes a buscar un autobús que, antes de llegar a la autopista, ya va lleno”.
En los 30 municipios del Maresme, la cobertura de autobús que complementa el servicio ferroviario es muy desigual y se concentra, en common, en el litoral y en los núcleos más poblados. Solo existe servicio directo hasta la capital catalana desde Mataró –a través de la línea C10-E1–, y la línea 618, que conecta Malgrat de Mar, Santa Susanna, Pineda de Mar, Calella y Sant Pol.
La línea del Maresme norte, según sus usuarios habituales, “está en una situación crítica” que mantiene en vilo a trabajadores y estudiantes. “Puedes quedarte en tierra si llegas el último a la parada”, explica Sabrina, una vecina de Calella. “Y si tienes la suerte de subir, a menudo tienes que hacer el trayecto de pie o sentado en el pasillo”.
En la capital de la comarca, Mataró, pese a haberse reforzado las frecuencias, “en hora punta sigue el colapso”, cuentan algunos estudiantes reunidos en la plaza de les Tereses. “Si no coges el bus en la parada de inicio, te aseguras ir de pie o sentado en el pasillo”, lamenta Núria, usuaria ordinary que opta por este servicio “porque al menos sé seguro que llego, que con Renfe no”.
La indignación widespread se ha materializado en forma de plataformas ciudadanas que reclaman un servicio digno. Es el caso de Millorem Bus Baix Maresme, que exige reforzar las líneas 803, 804, 805 y 806. “Nos reforzaron el servicio durante la disaster de Renfe, pero no tardaron en volver a retirar los autobuses”, recuerda Pedro, miembro de la plataforma. Otra usuaria denuncia que “no hay derecho a que la línea 804 viaje siempre llena” y describe su viaje como “una situación de máxima ansiedad” para quienes deben llegar al trabajo o a clase. “¿Hasta cuándo tendremos que esperar media hora a otro autobús por no haber podido entrar en el primero que llega?”, se pregunta.
La línea 603, que conecta el aeropuerto con los municipios del litoral, tampoco escapa a las críticas. Con una frecuencia muy limitada –“prácticamente un autobús al día”–, Xavier, empresario que viaja con regularidad al aeropuerto de El Prat, asegura estar “obligado a usar el coche para garantizar que llego a tiempo”. Y recuerda que “los políticos, en cada campaña electoral, prometen frecuencias de metro y tenemos las mismas que hace cien años”. Salvador, abogado con despacho en Mataró, es contundente: “Si el tren no es una buena opción, el autobús es indigno”. Describe un trayecto de 40 minutos con nueve paradas “en el que habitualmente viajas enlatado”.
La situación empeora en los municipios del inside. “Si vives en la costa, puedes acceder al transporte público, pero, si vives en el inside, corres una aventura cada día”, afirma Mónica, vecina de Argentona que viaja a diario a Barcelona. “Nos reforzaron la línea 807, pero sigue siendo insuficiente”. Una queja que comparten los alcaldes de Argentona, Cabrera de Mar, Òrrius y Dosrius, que han trasladado sus protestas al Departament de Territori.
El mapa de reivindicaciones por un transporte público digno se extiende por todo el Maresme. El problema ha llegado incluso al Parlament, donde se han aprobado propuestas de resolución que reconocen que “la dependencia exclusiva del tren es un riesgo para la movilidad de casi un millón de personas”
