
Hay cosas que en Cádiz pasan desapercibidas si no te fijas un poco. Puedes recorrer sus calles, darte un paseo por La Caleta, visitar su catedral, perderte por el centro, curiosear en su Mercado Central… y no darte cuenta de lo que tienes justo encima. En esta ciudad, si no levantas la vista, te pierdes gran parte de su historia. Porque desde arriba, por encima de los tejados, las torres miradores nos hablan de unas de las mayores épocas de esplendor de ‘la Tacita de Plata’.
Durante siglos, Cádiz ha vivido de cara al mar. Su historia, su carácter y hasta su forma de construirse tienen mucho que ver con ese horizonte abierto por el que llegaban barcos cargados de mercancías, de historias y de oportunidades. En ese contexto nacieron estas torres, elevándose sobre las casas como pequeños puestos de observación desde los que vigilar, y también disfrutar, lo que ocurría ahí fuera.