Las negociaciones para recomponer el espacio político a la izquierda del PSOE en Andalucía se han reactivado en los últimos días tras meses de bloqueo. Lo hacen en un clima de máxima cautela y desconfianzas mutuas a una semana del cierre del registro de coaliciones.
La apertura verbalizada ayer por el secretario de organización de Podemos, Pablo Fernández, introduce un matiz relevante en un escenario que, hasta hace apenas unos días, se daba por abocado a la fragmentación electoral. El movimiento no se entiende sin la presión ejercida desde el territorio. Sectores de Podemos en Andalucía han empujado a la dirección estatal a reconsiderar su decisión inicial de concurrir en solitario, en un contexto en el que la división amenaza con penalizar severamente las expectativas electorales tanto del bloque como de la formación morada. De ahí el tono deliberadamente contenido de Fernández, que se mostró “optimista” sobre la posibilidad de articular una candidatura “lo más amplia y fuerte posible”, pero evitó ofrecer detalles y apeló a la discreción como condición para avanzar.
Los morados ven la integración de Más País en Sumar como un obstáculo para seguir en la coalición
El marco de esa eventual confluencia es Por Andalucía, la alianza que en el 2022 logró representación parlamentaria –cinco diputados– y que ha mantenido una cierta cohesión en la Cámara autonómica al mantenerse al margen de las tensiones nacionales acentuadas desde el 2023.
Integrada por Izquierda Unida, el espacio hoy vinculado a Sumar –antes referenciado como Más País– y otras formaciones andalucistas, la coalición cuenta además con un candidato ya designado, Antonio Maíllo, y con una estructura organizativa y programática en marcha.
Precisamente ahí radica uno de los principales puntos de fricción. Más allá de abrir una renegociación a contra reloj tras una fase anterior que no arrojó avances, Maíllo recordó que la solución es más fácil de lo que pudiera parecer. Tan “sencilla como no hacer nada; simplemente decir que no se van y que se quedan”, resumió.
Fuentes de IU recelan del gesto repentino de Fernández. Y aunque saben de primera mano que los dirigentes de Podemos en Andalucía no quiere romper la coalición ya existente, temen que la dirección nacional del partido morado pueda estar tanteando una negociación acelerada, pero sin una voluntad actual de culminarla. Esto permitiría desplazar el coste político de un eventual fracaso dado que la presencia de Sumar siempre ha sido esgrimida como un obstáculo insalvable en cualquier territorio donde se ha planteado una confluencia.
El calendario añade presión a unas conversaciones que, por ahora, avanzan sin escenificación pública. El plazo para registrar coaliciones concluye el 3 de abril y obliga a las partes a resolver en cuestión de días diferencias que llevan años enquistadas. Mientras tanto, la coalición ya existente continúa desplegando su maquinaria electoral, con actos de movilización y una estructura territorial activada, a la espera de que el espacio se ensanche o, por el contrario, confirme su fragmentación en las urnas del 17 de mayo.
