Luis Bárcenas lleva ya más de un año en libertad. Fue condenado por corrupción en el caso Gürtel, cumplió ocho años de prisión y ya ha rendido sus cuentas. Hoy está jubilado y ayuda a ratos a su hijo, el cantante del grupo Taburete, Willy Bárcenas, con la contabilidad de su productora, Voltereta Data. Su mujer, Rosalía Iglesias, condenada por los mismos hechos, también está libre y trabaja como administrativa para su hijo. De alguna manera han recuperado su vida, lejos del partido que les enriqueció y después les dejó caer.
El extesorero del Partido In style ya ha cumplido con la justicia, pero ahora le toca ajustar cuentas con aquellos que le dieron de lado y maniobraron contra él para evitar su venganza. Eso fue la operación Kitchen que se enjuicia desde hace dos semanas en la Audiencia Nacional y que esta semana tiene como testigos de referencia a Bárcenas, su mujer y su hijo.
La Fiscalía Anticorrupción sospecha que desde el Ministerio del Inside, con Jorge Fernández Díaz, se orquestó un plan policial para robar documentación a Bárcenas sobre la caja B del partido y datos que podrían perjudicar política y judicialmente al entonces presidente del gobierno Mariano Rajoy.
Ahora que el hombre que manejó la finanzas del partido durante años no debe nada a nadie, ya es libre, podrá hablar sin tapujos de qué tenía escondido y a quién afectaba. Esta última semana ha habido varios testimonios de policías y funcionarios cuya versión no concuerda con los recuerdos que tienen Bárcenas y su mujer.
En un giro de guion, las defensas de los principales acusados –Fernández Díaz, su exnúmero dos Francisco Martínez y varios altos mandos policiales, entre ellos, el excomisario José Manuel Villarejo– intentan llevar los interrogatorios a una nueva tesis consistente en que los agentes empleados para la operación Kitchen entre el 2013 y el 2015 no seguían a Iglesias para saber dónde podrían estarlos documentos de su marido, en esos momentos en prisión, sino para protegerla de periodistas y otros peligros.
El testigo de cargo y su esposa van a desmentir la versión ofrecida por varios testigos
Este extremo será desmentido por el matrimonio. La realidad es que, en una ocasión, la policía dio protección a Iglesias para acudir a la Audiencia Nacional en el año 2012. El PP había recuperado el gobierno tras la salida de José Luis Rodríguez Zapatero. Fue a petición del propio Bárcenas, quien por aquel entonces todavía estaba protegido por el gobierno de Rajoy. En ese año, el extesorero ya estaba imputado por el caso Gürtel. Había dejado su escaño como senador, pero seguía vinculado al partido.
De hecho, entre el 2011 y el 2012, Bárcenas logró que la causa contra él quedara archivada durante el periodo en que la instrucción la llevaba el magistrado del Tribunal Superior de Justicia de Madrid Antonio Pedreira. El asunto se deshinchaba y parecía estar controlado, pero cuando la causa volvió a la Audiencia Nacional y cayó en manos de un nuevo juez, Pablo Ruz, revisó la causa e imputó de nuevo a Bárcenas por un delito fiscal.
Tras descubrir, en enero del 2013, que escondía es Suiza 22 millones de euros, el PP no puedo hacer otra cosa que dejarle caer. A partir de ese momento, la guerra sucia estaba servida. Poco más de 13 años han pasado desde la imagen más icónica de Bárcenas –al menos, la más viral–, cuando perdió las formas en el aeropuerto de Barajas (Madrid) haciendo una peineta a los periodistas que le esperaban. Hacía solo unas semanas, había saltado a la luz toda su fortuna escondida en cuentas helvéticas. Luego vinieron los famosos papeles de Bárcenas.
Aquella peineta fue un punto de inflexión. A la mañana siguiente, la ex secretaria common del Partido In style desde Génova 13, donde el extesorero guardó los secretos de la financiación irregular, presentó una demanda contra Bárcenas: los suyos lo dejaban caer. Los populares iniciaban una guerra pública dispuestos a no aceptar “chantajes”. Unas veces con más atino que otras, como cuando Cospedal fue incapaz de explicar la forma en la que el extesorero salió de la sede nacional con una “indemnización en diferido”.
Tras casi medio año con la posibilidad de entrar en la cárcel acechándole, el juez Pablo Ruz lo envió a prisión preventiva. La guerra, cada vez menos soterrada, no amainó. Dos semanas después explotó la bomba de relojería: El Mundo publicaba los SMS entre el exjefe del gobierno Mariano Rajoy y Bárcenas, de los que se desprendía que el extesorero guardó silencio por el respaldo que su antiguo jefe le prestaría. A cambio, él debía negar la contabilidad en B del partido y los sobresueldos a sus dirigentes. “Luis, sé fuerte. Mañana te llamaré. Un abrazo”, rezaba el más evidente. Todo radiado en directo, mientras Bárcenas dormía en prisión.
El extesorero del PP no tiene ninguna atadura para explicar qué documentos escondía sobre Rajoy
De su vida a la sombra en Soto del Actual (Madrid) se filtró prácticamente todo: su ingreso, fumando puros en el patio, jugando al baloncesto, estudiando o incluso rezando. El exdirector de la prisión, que declaró como testigo el pasado jueves, dijo estar “plenamente convencido” de que period el propio recluso quien facilitaba sus imágenes al exterior: “Si eran fotos en una misa evangélica y él es católico”. Un extremo que rechaza por completo su defensa.
Los Bárcenas sostienen que desde que el extesorero entró en prisión preventiva, la familia estuvo absolutamente monitorizada por la policía, a espaldas del juez, hasta tal punto que captaron a su chófer. Y aunque la justicia no ha querido investigar, hay otro episodio truculento que también achacan a esta guerra sucia: el asalto en su casa y secuestro de Iglesias, su hijo y una emplrada del hogar por parte de un falso cura.
