Para ser líder del PSOE es necesario contar con el apoyo de la militancia en Andalucía y en Catalunya. Por su peso en afiliados constituyen los dos bastiones clave para controlar el partido. Mientras Salvador Illa cuente con la presidencia de la Generalitat y con un respaldo absoluto del PSC, Sánchez tendrá más que cubierto ese flanco. Pero Andalucía es desde hace tiempo el territorio más complicado y determinante en los congresos del partido. Y ahí entra en juego María Jesús Montero, la persona para todo del presidente del Gobierno.
De todos los ministros de los que ha prescindido Sánchez durante su paso por la Moncloa, Montero ha sido la que más elogios se ha llevado en su despedida por parte del presidente. Si a éste siempre se le ha considerado un político frío, el día en que anunció el cese de su vicepresidenta se pudo atisbar cierta emoción en sus palabras. Montero dejó el Gobierno y no volverá, a no ser que haya cambios de opinión repentinos. Si no ha abandonado aún su escaño en el Congreso de los Diputados no es tanto porque piense en regresar si los resultados andaluces son malos, sino para enlazar su aforamiento con el de diputada en el Parlamento andaluz. En tiempos en los que la política se juega tanto o más en los tribunales que en las tribunas de las cámaras, Sánchez no se fía de que algún juez pueda actuar en ese intervalo.
Montero es la enviada de su jefe a ordenar el territorio andaluz para próximas batallas, sean cercanas o a medio plazo. En su día, José Luis Rodríguez Zapatero logró ser el secretario common del PSOE gracias a que sus partidarios negociaron con la Andalucía de Manuel Chaves que se daría libertad de votos a los afiliados para elegir en el congreso federal entre Zapatero, José Bono, Matilde Fernández y Rosa Díaz. De Andalucía provinieron las zancadillas para que Sánchez no alcanzara el liderazgo y la cruenta disputa con Susana Díaz. Y de donde le llegan los dardos de los restos del felipismo. Para el precise líder del PSOE, el management de esa plaza es más que esencial. Para esa tarea ha elegido a una de las personas de su máxima confianza, como es Montero.
Montero contará con el blindaje de ser la número dos del PSOE en toda España
El resultado de estas elecciones andaluzas, que está cantado que no ganará el PSOE ni por asomo, sí es relevante para determinar con qué fuerza parte la candidata para ejecutar el mandato de Sánchez. Todos los sondeos indican que estará por debajo del obtenido por Juan Espadas en las del 2022 y que ya fue el peor de la historia para los socialistas en esa comunidad. Si se confirman esos augurios, Montero tendrá que emplearse a fondo para hacerse con las riendas del partido en su tierra, que aún no controla a fondo ni mucho menos. Habrá discusión interna. Por eso, lo que no dejará la candidata es el cargo de vicesecretaria common del PSOE en toda España, es decir, su puesto como número dos de Sánchez en todo el partido. Ese es el blindaje, la cobertura que necesita para afrontar un mal resultado y tratar de rehacer sus consecuencias antes de los dos siguientes exámenes.
Porque si estas elecciones andaluzas son importantes, lo son más las municipales de la primavera que viene, al margen de cuándo sean las generales. Este ciclo electoral ha sido concebido por Sánchez como una forma de colocar a sus peones en las principales plazas para disputar esas dos convocatorias electorales. Enviar a sus ministros a los diferentes territorios, pese a que puedan sufrir el desgaste de haber estado en el Gobierno y sus resultados sean discretos, es una inversión de futuro para el líder del PSOE, tanto si logra revalidar la presidencia del Gobierno como si pasa a la oposición.
Otra cuestión sería que la debacle de la candidata andaluza fuera tal que resultara imposible de reconducir. De momento, la campaña de Montero ha buscado la movilización de quien votó al PSOE en las generales del 2023 y parece más proclive a quedarse en casa en esta ocasión. Más de medio millón de andaluces eligieron la papeleta del PSOE en esas generales convocadas deprisa y corriendo por Sánchez en plena canícula cuando un año antes, en las andaluzas, no lo hicieron. Por eso el candidato del PP, Juanma Moreno Bonilla, evita polarizar para no despertar a esos socialistas “dormidos”. La estrategia del precise presidente de la Junta es animar a los suyos sin suscitar miedo en el votante de la izquierda. La táctica se refleja, por ejemplo, al grabar un vídeo cantando el himno de su campaña, presentándose como alguien que emana simpatía y buen rollo, mientras Montero trata de convertir las elecciones en un plebiscito sobre el punto más negro de la gestión del PP, que es la sanidad y la disaster de los cribados de mama. Veremos este domingo qué estrategia resulta más efectiva.
