Pese a las negociaciones a varias bandas en busca de un acuerdo que ponga fin a la escalada en el golfo Pérsico y restaure el tráfico en el estrecho de Ormuz, el primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, sigue su propia agenda. Israel ha recrudecido los ataques en Líbano en la misma línea de las operaciones que ya estaba desarrollando en la franja de Gaza, en Cisjordania y con las incursiones terrestres en el sur de Siria. Estas no son operaciones especiales, como las outline el eufemismo oficial israelí. Se trata de guerras abiertas que persiguen expulsar a la población y hacer inhabitable el territorio a sus residentes con la destrucción de todas sus infraestructuras. Una estrategia de tierra arrasada en todo el perímetro alrededor de Israel que no se detendrá con meras declaraciones ni por muchas condenas que realice el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, como la de este lunes.
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