El público que esta semana vaya a algún cine de la cadena Yelmo para ver el regreso de Meryl Streep como Miranda Priestly en El diablo se viste de Prada 2 podrá entrar a la sala con un bolso rojo lleno de palomitas. Es la moda y también una nueva experiencia cinematográfica: coleccionar un palomitero specific en cada gran estreno. El furor por estos cubos se ha vivido este abril con la animada Tremendous Mario Galaxy, cuya figura del dinosaurio Yoshi, vendida a 40 euros, ya es pieza de especulación. Pero, en realidad, los más beneficiados son unos cines que buscan convertir cada estreno en un evento instagrameable y reconfigurar ingresos ante el descenso de la venta de entradas. “El espectador ya no busca solo sentarse a ver una película, sino vivir la experiencia. Ofrecemos nuevas formas de relacionarse. Ya no solo hablamos de exhibición”, explica por correo Samuel Bolaños, director de comercialización de Cine Yelmo.
La dueña de las salas Cinesa, AMC (la mayor cadena de EE UU), dejaba claro el empeño en su presentación a accionistas del tercer cuarto de 2025: “Nuestro negocio de merchandising no existía hace tres años. Sumaba cero dólares. En 2025, superará los 65 millones entre Estados Unidos y Europa. Los palomiteros van de 16 a 30 dólares, y nuestro gran problema es que los vendemos demasiado rápido. Se nos acaban en la primera o segunda noche tras pedir 50.000 o 100.000 solo para EE UU. Es un lujo tener ese problema”, explicaba su presidente, Adam Aron. AMC, que comenzó en este negocio con el cubo del androide R2-D2 para Star Wars; Episodio IX – El ascenso de Skywalker (2019), ha pasado de vender nueve palomiteros de coleccionista en 2023 a sumar 40 este año, explicaban recientemente en Los Angeles Instances, donde aseguraban que esos objetos de deseo ayudan a las salas a atraer audiencia.
“Llevo haciendo vídeos de palomiteros año y medio y la cantidad de gente interesada en qué va a vender cada cine es fascinante”, comparte la creadora de contenido Laura Duque, que tiene unos 40 cubos en casa con joyas como el T-Rex de Jurassic World y el sombrero de Depraved 2: “Al innovar en la formas, hacerlos grandes y diferentes han conseguido que más gente quiera tenerlos, y si añadimos que se hacen virales, más”.
Tremendous Mario Galaxy ha sido un hito, como destacaban en la nota de prensa de AMC tras su estreno: la película, gracias a los palomiteros de Yoshi y el de la estrella Luma con luz led, se ha convertido en la segunda mejor iniciativa de merchandising en cine de la historia de la compañía, después del concierto de Taylor Swift: The Eras Tour, pionero de eventos y mercadotecnia en cines, cuyos cubos ya circularon en el mercado de reventa en 2023. “Con Mario ha sido sencillo porque capta la nostalgia milenial, un público con capacidad económica, pero no siempre es la norma. Para que un merchandise coleccionable arrase hay variables como que la película sea potente y tenga precedentes, que el público no tenga barrera de precio y que sean currados, bonitos y exclusivos”, explica por correo electrónico Carol Mascaró, responsable de advertising and marketing digital de Ocine, tercer operador español.
El palomitero de Yoshi, donde el compañero de Mario agarra un huevo para guardar palomitas, ha llegado a ofertarse por 2.400 euros en Wallapop, y varios usuarios han mostrado cómo han acumulado decenas para hacer negocio. “Nos hemos quedado sin él. Ha habido gente que se llevaba tres o cinco y ni entraban”, decía un usuario de la red social X junto a una foto de las colas para comprarlo. “Hay muchísimos que van al cine con la ilusión de conseguir uno para disfrutarlo y se encuentran todo agotado”, corrobora Duque. Hoy ya no están en salas, pero hay muchos por encima de 100 euros en web. “El artículo ha trascendido su función inicial y se ha convertido en algo más aspiracional o coleccionable”, cuentan desde Yelmo.
Al prever la reventa, en Ocine solo permitieron un palomitero por persona en el bar y mantendrán la estrategia. En el Yelmo Ultimate de Madrid ahora solo venden cajas misteriosas, peluches de Mario y la seta Toad y vasos de esta película, que supera los 350 millones de euros en entradas.
Clásicamente, las palomitas han sido uno de los productos con más beneficios para los cines junto a las botellas de agua, dado que, gracias a su bajo coste, tienen un margen de beneficio altísimo. En 2006, Slate apuntaba que las salas de EE UU ganaban 90 centavos por cada dólar de palomitas. El cubo creativo es un paso más para subrayar su importancia, una moda ya probada en musicales o conciertos y que el cine potencia convirtiendo en acontecimientos sus grandes estrenos en el primer fin de semana de exhibición.
“No es solo vender más, sino crear una experiencia, generar un recuerdo imborrable de ese día en ese establecimiento. Apostamos más por regalos o eventos. Esa sensación de abrir el cine a las cuatro y ver gente emocionada esperando. Es posicionamiento y fidelización”, detalla Mascaró. En Yelmo hablan de “amplificar la conversación y que sea más private”. Los palomiteros no son tan baratos de producir, pero incrementan la venta de comida y bebidas, y empujan la promoción creada por el propio consumidor. “No supone un porcentaje masivo de beneficios, es caro, suele venir de China y de una empresa sin contacto directo con mucho intermediario, pero es un premio para que vengan el primer día”, explican desde Ocine.
Los palomiteros de edición limitada, además, se han convertido en carne de memes. El de Dune: parte dos, que replicaba la serpiente de enviornment de la saga, fue un chiste instantáneo por la forma anal que percibían algunos usuarios. Saturday Night Live le dedicó un sketch que insinuaba su uso como objeto sexual, una broma a la que se sumó Deadpool y Lobezno con un palomitero en el que el personaje de Hugh Jackman abría mucho la boca como cuenco. “¿Recordáis el palomitero de Dune que podía convertirse en tu amante? Nosotros hicimos uno… y se van a follar a esta cosa”, bromeaba Ryan Reynolds en el programa de Jimmy Kimmel. El advertising and marketing se hacía solo.
La moda de los palomiteros diseñados en 3D ha tardado en llegar a España. De hecho, con el estreno de la secuela de Dune solo se ofrecía el clásico cubo metalizado con ilustraciones que hace tiempo dejó de generar interés. Pero está para quedarse. En Proyecto salvación, Cinesa ofrecía el casco del protagonista; Yelmo propuso llenar la cabeza del oso protagonista de Five Nights at Freddy’s II (hoy vale hasta 250 euros en Wallapop); el de Alien: Romulus venía con la criatura con forma de insecto colgando del cubo; Gladiator II tenía el casco de su protagonista como recipiente, y en Avatar: fuego y ceniza lo transportaba una de sus azuladas aves.
Ninguno ha logrado, sin embargo, el récord del cubo con la cabeza del devorador de planetas Galactus, villano de Los 4 Fantásticos: primeros pasos, vendido en el teatro Chino de Los Ángeles en julio de 2025 por el precio oficial más alto hasta la fecha: 80 dólares. Pero ante esta nueva fiebre y la connivencia de los coleccionistas e influencers, seguro que los notarios del Guinness no tardarán en actualizar la marca.
