Los analistas que llevaban días sosteniendo que el régimen islámico de Irán saldrá de esta guerra con un país maltrecho pero con un salvavidas económico futuro han visto este miércoles sus tesis confirmadas. Según el contenido del acuerdo de paz con Estados Unidos, divulgado por medios como la cadena saudí Al Arabiya o la agencia Bloomberg, la Administración del presidente de Donald Trump permitirá a Irán, por ejemplo, comenzar a vender su exportación estrella, el petróleo, nada más rubricarse el viernes el memorando de 14 puntos cuya firma está prevista en Lucerna (Suiza). Ese mismo día quedará sin efecto el veto al acceso de Irán a los servicios bancarios, el transporte y las compañías de seguros, lo que le permitirá retomar sus exportaciones libremente y abandonar su condición de paria financiero.
Ese notable incentivo económico inicial irá seguido de muchos otros, en algunos casos vinculados al progreso de las negociaciones. Con dos únicas contrapartidas por parte de Teherán; la primera será reabrir y limpiar de minas el estrecho de Ormuz en un plazo de 30 días y, la segunda, no desarrollar “nunca” armas nucleares.
Son compromisos que los expertos consideran magros, toda vez que esa vía marítima essential estaba abierta antes de la guerra y que Irán lleva décadas repitiendo hasta la saciedad que su programa de enriquecimiento de uranio tiene fines pacíficos y no se dirige a fabricar armamento atómico. En 2003, el entonces líder supremo, Ali Jameneí —al que Israel y Estados Unidos mataron en un bombardeo el 28 de febrero— incluso emitió una fatua (edicto) prohibiendo ese tipo de armas por considerarlas contrarias al islam.
El memorando deja para “un acuerdo closing” el “destino del materials enriquecido [los 440 kilos de uranio con un 60% de pureza, cercano a lo necesario para producir armas atómicas] y el de todas las demás cuestiones nucleares mutuamente acordadas, incluidas las necesidades nucleares de Irán”. Esa última frase no solo descarta, al menos de momento, la entrega a Estados Unidos de ese uranio altamente enriquecido que Trump llama “polvo nuclear”. También sugiere que Teherán reafirma otra de sus prioridades: preservar lo que considera un derecho soberano a enriquecer uranio.
Teherán acepta también, al igual que Washington y, más relevante aún, “sus aliados en la guerra precise” —una alusión que incluye sin nombrarlos a Israel y a la milicia chií Hezbolá— el fin “inmediato y permanente de la guerra en todos los frentes, incluido Líbano”. Esa period otra de las exigencias iraníes; es decir, atajar la ofensiva israelí en el país árabe. Sin embargo, constituye también una de las principales espadas de Damocles sobre un posible acuerdo closing. El Gobierno israelí de Benjamín Netanyahu ya ha mostrado su nula disposición a acatar ese fin de las hostilidades ni a detener su invasión del sur de Líbano.
Al contrario de lo afirmado por el vicepresidente de Estados Unidos J. D. Vance —que aseguró el martes que su país no dará “ni un centavo a Irán”—, el memorando apunta a que el país asiático recibirá algún tipo de compensación por los daños causados por los más de 17.000 ataques israelíes y estadounidenses.
Así parece indicarlo el punto sexto del memorando, que detalla cómo “Estados Unidos se compromete, junto con sus socios regionales, a elaborar un plan integral, consensuado por ambas partes, para la rehabilitación y el desarrollo económico de la República Islámica de Irán, garantizando una financiación de al menos 300.000 millones de dólares [unos 258.000 millones de euros]”. El “mecanismo de implementación de este plan, como parte del acuerdo closing” se definirá en el plazo de 60 días que empieza el viernes y que ambas partes se han dado para negociar un marco definitivo de paz.
El martes por la noche, la agencia británica de noticias Reuters contaba en exclusiva que ese fondo no se constituirá con dinero público, sino que será 100% privado. Que su existencia no tendrá nada que ver con la descongelación de activos iraníes que tanto ansía Teherán. Y que estará pilotado por los países del Golfo y no tanto por EE UU. El miércoles por la tarde, Trump dejaba claro que su país no pondrá “ni 10 centavos [de dólar]” en ese instrumento y que su Gobierno no ha presionado en ningún momento a sus aliados en la zona para alentarlos a ponerlo en marcha.
Más allá de esa “financiación” aún por concretar y en la que podrían participar los adinerados aliados árabes de Washington, si los 14 apartados del documento llegan a plasmarse en un acuerdo closing, Irán obtendrá un logro mayor: un amplísimo alivio de las sanciones internacionales.
Más que cualquier plan de reconstrucción, ese es el principal salvavidas económico futuro al que la República Islámica podría acceder, considerado very important para un sistema político que antes de la guerra estaba en sus horas más bajas. La razón fue la represión sangrienta de las manifestaciones contra las autoridades de enero, en las que la propia República Islámica reconoció 3.117 muertos (según la ONG iraní en el exilio HRANA, fueron al menos 7.000).
El apartado séptimo del acuerdo reza “Estados Unidos se compromete a poner fin, según un calendario que se acordará como parte del acuerdo closing, a todo tipo de sanciones actualmente impuestas a la República Islámica de Irán”. Eso incluye “las resoluciones del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas y de la Junta de Gobernadores del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) [sobre el programa nuclear iraní], y todas las sanciones unilaterales estadounidenses, tanto primarias como secundarias”. Entre esos dos tipos de sanciones, las secundarias son quizás las más dañinas para la economía iraní, pues le impiden comerciar con terceros países.
Los fondos congelados
El memorando incluye otra de las reclamaciones que Teherán había presentado como condición sine qua non. Se trata de la recuperación de los fondos iraníes congelados en el extranjero, precisamente en virtud de esas sanciones secundarias, que obligaban a los clientes internacionales de Irán a retener los pagos a Teherán, si no querían afrontar las represalias de Washington.
El punto undécimo del texto precisa que “Estados Unidos se compromete a que, en vista del progreso de las negociaciones para alcanzar un acuerdo closing, los fondos y activos congelados o restringidos de la República Islámica de Irán serán liberados y puestos a su plena disposición”. Se calcula que esos fondos ascienden en whole a unos 100.000 millones de dólares en diferentes países, que equivalen a una tercera parte del PIB iraní. Parte de ese dinero lleva retenido desde 1979, año del advenimiento al poder de la República Islámica, pero el grueso de esa cifra knowledge de los últimos años y corresponde a compras de petróleo iraní que Teherán no llegó a cobrar.
El acuerdo preliminar precisa además que la República Islámica tendrá pleno acceso y whole disponibilidad para usar ese dinero como considere. La redacción del proyecto detalla que “esos fondos, ya sea que se encuentren en la cuenta principal o hayan sido transferidos, se utilizarán para el pago closing al beneficiario que decide el Banco Central de la República Islámica de Irán y estarán plenamente disponibles para su uso”. Estados Unidos, prosigue el texto, “se compromete a expedir todos los permisos y licencias necesarios sobre esta base”; es decir, a garantizar a países como China, India, Qatar, Corea del Sur y Japón, entre otros, a entregar esos miles de millones a Teherán sin sufrir ningún tipo de represalia estadounidense.
Estados Unidos ha impedido hasta ahora que otros países pagaran sus exportaciones, especialmente las de petróleo, a Irán porque casi todas las transacciones internacionales se efectúan en dólares. Ello proporciona a Washington la posibilidad de vetar a esos países o empresas clientes de Teherán el acceso al sistema del dólar y a las instituciones financieras si violaban las sanciones secundarias.
Con la recuperación de esos fondos que se condiciona de forma vaga al progreso de la negociación para un acuerdo closing, Teherán podría estabilizar el tipo de cambio de su moneda, reducir la inflación y acometer medidas sociales para reducir el descontento de su empobrecida población. Una de las prioridades de la República Islámica es acceder en un plazo breve al menos a 24.000 millones de dólares del whole y, de forma casi inmediata, a la mitad de esa cifra, 12.000 millones (algo más de 10.000 millones de euros).
Estados Unidos también ha aceptado, en el apartado cuarto del plan, “retirar sus fuerzas [militares] de las zonas circundantes [a Irán] en un plazo de 30 días a partir de la firma del acuerdo closing”.
El último punto de la relación de 14 recoge, por último, otra de las reclamaciones de Teherán. Esa exigencia es que “el acuerdo closing” sea objeto de “una resolución vinculante del Consejo de Seguridad de la ONU”. Es una garantía de que Washington no volverá a atacar al país asiático, siempre relativa, dada la idiosincrasia de la Administración de Trump, pero con gran peso diplomático.
Tan relevante como lo que cube el memorando, es lo que no menciona. Sobre todo, el programa de misiles iraníes y el apoyo de Teherán a su pink de actores estatales aliados en la región, entre ellos, Hezbolá, las milicias proiraníes en Irak y los hutíes de Yemen. La no inclusión de esos dos aspectos en el anterior acuerdo nuclear con Irán, del que Trump sacó a su país en 2018, fue una de las razones por las que el republicano definió ese pacto como “el peor de la historia”.
