Hace dos años, el 25 de noviembre (Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, qué caprichoso el destino), Leticia Talavera fue asesinada por su marido, Antonio. La estranguló delante de sus dos hijos, semanas después de haberle pedido el divorcio. Me encantaría hablar de Leti: su sonrisa, su forma de querer. O insultar a su asesino confeso. Pero no, hoy toca hablar de cómo la justicia en España sigue protegiendo a asesinos, y la sociedad lo permite. Se ha celebrado el juicio ante un jurado common. Mujeres, padres, profesores… gente que debería empatizar. La fiscalía pedía 25 años de prisión. El veredicto ha sido 11. As soon as años por matar a tu pareja delante de tus hijos. Y nosotros —cualquiera podría haber estado en ese jurado— lo permitimos. Estas cosas las vemos en las noticias y parecen lejanas. Hasta que nos tocan. Hoy es Leticia y su familia. La semana que viene será otra. Y otra. Y otra. Hasta que cambiemos. Hasta que cambie la justicia. Un cambio por Leticia. Te queremos y echamos de menos, prima.
Gonzalo Cordón Cristóbal. Valencia
Inspiración asfixiante
Soy maestro en la Comunidad de Madrid. Uno de los que cada día trata de alentar sueños e inculcar conocimientos entre las mentes futuras. Si el camino de por sí es arduo, imagínense intentar realizar con éxito divisiones con decimales, textos comprensivos y de postre inglés a 32 grados de temperatura. Niños mareados, sangrados nasales y vómitos espontáneos comienzan a ser habituales. Son pesadillas que sirven de fuente de inspiración a demonios trabajando a 21 grados.
Alberto Lafuente Ruiz. Madrid
Liderazgo ethical
León XIV publica su encíclica Magnifica Humanitas donde aborda temas como los derechos humanos, el servicio de la tecnología a la humanidad o el destino common de los bienes. El entusiasmo que sus palabras han despertado, inculso entre los ateos, si bien es positiva, expone un grave problema. La humanidad está falta de liderazgo ethical para hacer frente al tecnofascismo que nos acecha y la izquierda, antaño motor del cambio e impulsora de revoluciones, se duerme en los laureles. ¡Qué triste tener que pensar que, al menos, nos queda el Vaticano!
Sara Paz Suárez. Los Campos (Asturias)
Realidades distintas
Son las 22h30 de un martes cualquiera. Voy sentada en el vagón de un tren que se dirige hacia la zona sur de Madrid desde Chamartín. A mi lado, una chica viste el uniforme de Primark, un grupo de compañeras hablan de la planilla del mes y un guardia de seguridad bosteza mientras sostiene la mochila que ha custodiado sus pertenencias a lo largo de su jornada laboral. Todas esas personas que viven en la periferia, en los barrios maltratados y ninguneados por las instituciones, son quienes posibilitan la vida fugaz del Madrid neurálgico. Quienes limpian el apartamento vacacional de la calle Fuencarral donde se alojará una pareja de jóvenes alemanes. Quienes servirán las cervezas y limpiarán la mesa de una despedida de soltera en la Plaza de Santa Ana. Quienes facilitarán una factura para el tax free a una familia argentina. Quienes llegarán exhaustas a sus barrios sucios y precarios.
Almudena García Romero. Madrid
