Ni la Alhambra ni la Mezquita de Córdoba. La Sagrada Familia es hoy el monumento español más visitado. Con casi cinco millones de visitantes al año, se hace difícil conseguir entrada para acceder al inside del templo concebido por Antoni Gaudí (1852-1926). El proyecto, que lleva más de un siglo en construcción, tiene ahora, en la Catedral de Barcelona, un preámbulo digital. Se trata de una experiencia que, aun no siendo actual, se siente como actual. Es rápida —aunque ni precipitada ni banal— y muy sorprendente. Gaudí, l’Atelier du divin constituye tanto un resumen certero y respetuoso de la obra, el ideario y la vida del arquitecto como una buena introducción a la visita de la Barcelona de Gaudí.
Desde que La Pedrera, La Casa Vicens, El Palau Güell y La Casa Batlló abrieron, previo pago, sus puertas a los visitantes, Barcelona se ha convertido, más allá de la ciudad de los prodigios, en la ciudad de Gaudí. Esa realidad tiene ahora su introducción en un edificio que, sin ser obra de ese arquitecto, forma parte de su biografía.
En el barrio gótico barcelonés, no lejos del Palacio que Gaudí le construyó a su mecenas Eusebio Güell, la Catedral fue el último edificio en el que el arquitecto de Reus —que se había instalado en la Sagrada Familia para dedicar todo su tiempo a la construcción del templo— estuvo antes de ser atropellado por un tranvía. Ese domingo, asistió a misa en la Catedral. Solía hacerlo porque se confesaba en el oratorio vecino de Sant Felip Neri, puede que la plaza más bonita de Barcelona.
Muy cerca, entrando por la puerta de Santa Eulalia, en la calle del Bisbe, hoy es posible rehacer ese trayecto y toparse, un piso más arriba, en la Sala de la Mercé, con lo más parecido a resumir, o descubrir, a Gaudí en 20 minutos.

En ese tiempo y pertrechados por una gafas de realidad digital, unos cascos hacen posible la experiencia. Así, organizados en grupos de hasta 10 visitantes, uno puede adentrarse, virtualmente y casi en cualquier idioma, en ese taller que Gaudí trasladó a la Sagrada Familia, o en el inside del propio templo. La película es un ejercicio sorprendente que combina rigor y nuevas tecnologías, una sorprendente experiencia que resulta arquitectónica porque se percibe tridimensional y viva y que, sin embargo, no es actual.
Gaudí, l’Atelier du divin ha sido realizada por la empresa francesa Gedeon Experiences —que firmó un trabajo de iguales características titulado Versalles redescubierto—. Filmada con tecnología VR, la experiencia ha sido premiada en los festivales PiXii de La Rochelle, Stereopsia, de Bruselas o Past the Body, en Tokio. Promovida por el grupo Landscapes, a cargo del Competition de Artes Digitales Mira, recrea los últimos días de Gaudí. También aclara que sus obras no imitan la naturaleza sino que siguen su lógica y su orden.
Seguramente lo menos actual de la experiencia es acercarse a un Gaudí moribundo. Lo más, la sensación infinita de alzar la mirada en el inside de la Sagrada Familia. En cualquier caso, es difícil aprender más de Gaudí en 20 minutos: aún digital, la experiencia se palpa artesana.
