
La visita de Isabel Díaz Ayuso a México ha terminado convertida en lo que parecía desde el principio: un episodio de política interna española trasladado al otro lado del Atlántico. La presidenta madrileña aterrizó en el país envuelta en una retórica grandilocuente sobre la libertad, la hispanidad y la defensa de Hernán Cortés, y se marcha antes de tiempo denunciando un supuesto “boicot” del Gobierno de Claudia Sheinbaum. Entre medias, más ruido que contenido, más escenificación que diplomacia, y un afán de protagonismo cuyo único resultado tangible es haber tratado de entorpecer el acercamiento entre España y México tras años de desencuentros.