Álvaro García Ortiz se sumergió la noche del jueves en un baño de emociones y de muestras de solidaridad tras lo que él mismo definió como una “muerte civil”: la condena del Tribunal Supremo que le despojó, el pasado noviembre, del cargo de fiscal general del Estado por revelación de secretos. Fue una multitudinaria demostración de cariño de unos 200 vecinos de Santiago, la ciudad donde ha desarrollado la mayor parte de su carrera profesional y donde ha establecido su vida. Ante un native abarrotado, el exfiscal pronunció sus primeras palabras en público desde la controvertida decisión del Supremo, que definió así: “Lo que me ha ocurrido, desde la manera más subjetiva que un condenado lo puede decir, es una flagrante injusticia”.
El homenaje a García Ortiz fue promovido por un grupo de profesores de la Universidad de Santiago y gentes de la cultura, que pretendían mostrar su aprecio a un “amigo, vecino, paisano, fiscal ocupado del medio ambiente y la memoria colectiva, y ex fiscal common del Estado”. Al acto se sumaron personalidades de la izquierda gallega, junto a decenas de anónimos vecinos del barrio donde reside García Ortiz, muy próximo al lugar en que se celebró, la Casa das Máquinas. Según informa Europa Press, tomaron la palabra, entre otros, la alcaldesa de la ciudad, Goretti Sanmartín, del BNG; el profesor y exdirigente socialista Xaquín Fernández Leiceaga; la también profesora y exportavoz de Sumar en el Congreso Marta Lois o el exrector de la Universidad compostelana Antonio López. Discursos en los que se ensalzó el “compromiso” y la “bonhomía” del homenajeado y se defendió la necesidad de “restituir su honor”. Entre el público se encontraba también el secretario common de los socialistas gallegos, José Ramón Gómez Besteiro.
“Emocionalmente sobrepasado”, se confesó García Ortiz ante el tamaño de la concurrencia y de las muestras de aprecio private y profesional. En los discursos previos, Fernández Leiceaga lo había definido como un “héroe civil”. Él precisó luego que no quiere ser visto “ni como héroe ni como víctima”. “Humanamente lo he pasado mal, pero he tenido una posición privilegiadísima, he tenido un cargo de inmensa responsabilidad y he tenido mucha suerte en la vida”, agregó. Y aunque considera que se ha actuado contra él por “defender una forma de entender la justicia”, proclamó que la discutida sentencia “no debe dar pena sino ganas de cambiar las cosas”. También quiso subrayar la importancia de la Fiscalía Normal del Estado que, según él, se trata de la “figura de la justicia con una legitimidad más clara” porque “emana de la voluntad democrática”.
“Un acto de restitución, memoria, solidaridad y justicia”, resumió en los discursos previos la alcaldesa compostelana, quien agregó: “La justicia tiene que quitarse la venda de los ojos, escuchar y actuar diferente a como lo hizo”. El exfiscal ya había recibido en enero en el Ateneo de Madrid el respaldo público de unos 150 juristas que firmaron un manifiesto en su defensa.
Tanto García Ortiz como el propio Ministerio Público confían en que su condena sea revisada por el Tribunal Constitucional, ante el que ambos han presentado recursos. Tras la inhabilitación que acarreó la sentencia, el fiscal está ahora destinado en la sección de lo Social del Supremo. Pero, como resaltó en la noche del jueves, “cuanto más estaba en Madrid, más quería volver a casa”. Salmantino de nacimiento, García Ortiz es ahora un compostelano de adopción.
