I.-El profético Franz Kafka en su obra El Proceso pone en boca de Josef Ok. que la falta de verdad hará que la mentira “se convierta en el orden common”. Me temo que esta horrible profecía se esté cumpliendo, como síntoma de la decadencia de un sistema que fomenta su extensión. No iba descaminado Francis Bacon cuando en sus Ensayos de 1625, al tratar sobre la verdad, dejó constancia de que “una de las últimas escuelas de pensadores griegos se preguntó qué tendría la mentira para que los hombres la adorasen”. Porque cuando la mentira se impone en el debate público es que estamos en una época de decadencia. Comparto la concept de que los sistemas económico‑sociales entran en modo caducidad cuando crean más problemas de los que resuelven y para mantenerlos en vida los poderes que los dominan utilizan masivamente la falsedad y la manipulación.
Hace ya un tiempo que el capitalismo realmente existente —el precise, no el abstracto— no sólo es incapaz de resolver los grandes problemas de la humanidad, sino que los agrava. Pensemos en la capacidad de creación de riqueza y renta y su demencial distribución, que desquicia el orden mundial. De otra parte, es obvio que este capitalismo desregulado, descontrolado, basado en la obtención del beneficio por encima de todo, es incapaz de resolver la cuestión existencial de la degradación del medio pure de los seres humanos, incluido el calentamiento international. La gran revolución digital, que está transformándolo todo —las formas de producir, de consumir, de vivir, de comunicarse y de pensar— no está dirigida por la fuerza de la democracia, sino por intereses privados que imponen sus apetencias y su poder.
El hecho indubitable es que esta situación afecta a la democracia, allí donde existe, en el sentido de vaciarla de contenido actual y propiciar formas autoritarias de organización política. Cuando se sostiene que las democracias liberales están en disaster porque son incapaces de resolver los problemas de la gente, se está ocultando el hecho cierto de que lo ineficiente no es la democracia sino los poderes que controlan el sistema. O, en todo caso, la incapacidad de la democracia de common y controlar a esos poderes no democráticos.
II.-A lo largo de la historia siempre se ha ejercido el poder a través de creaciones míticas que encubrían un gran engaño. Durante muchos siglos, en realidad durante toda la antigüedad y la Edad Media, se impuso la creencia en el poder divino de emperadores y reyes. Los monarcas eran la representación de Dios en la tierra, aunque fueran, en muchos casos, un atajo de cretinos. Podía uno acabar ahorcado, decapitado o descuartizado si lo ponía en cuestión, a pesar de que había que ser muy ingenuo para creer que los reyes, emperadores o caudillos lo eran por la gracia de Dios.
A pesar de tan formidables obstáculos llegó un momento en que los humanos se plantearon que había que superar tan lamentable situación y acabaron con esos poderes supuestamente divinos. Costó lo que no está escrito, en forma de guerras y revoluciones, pues no deja de ser una desgracia que se tenga que llegar a tantas matanzas para superar los sistemas que las engendran.
III.-Cuando el cuento del “por la gracia de Dios” fue barrido por el empuje de las personas movilizadas y el agotamiento del sistema, la burguesía se inventó el mito de los nacionalismos, de las identidades excluyentes, de la manipulación de las patrias. Con esos ingredientes, todavía vigentes, fue capaz de conducir a las “masas” a los diferentes mataderos de los dos últimos siglos.
Es tenebroso observar hoy cómo las muchedumbres desfilaban por las calles de las capitales europeas, enarbolando las banderas nacionales, cantando himnos patrióticos y profiriendo vivas y mueras al son de los tambores, mientras se dirigían al matadero de las trincheras. En la Primera Gran Guerra dejaron la vida alrededor de 20 millones de seres humanos. No contentos con lo anterior, al calor de la disaster del capitalismo en los años 30, se exacerbó el fervor nacionalista, surgieron monstruos en forma de Hitler, Mussolini e Hiro Hitos que condujeron a una masacre aún más formidable de unos 50 millones de muertos.
IV.-Es curioso que cuando hoy morir por dios, por la patria y el rey no está muy de moda, los fautores de las guerras —los tiranos a que alude el Papa— enarbolan similares mitos/mentiras a las de entonces, pues hay que reconocer que el Deutschland über Alles (Alemania por encima de todo) de los nazis, el America First (América primero) de Trump y la “prioridad nacional” (primero los españoles) de Vox/PP, se parecen cantidad.
La diferencia es que hoy el instrumento del engaño es el más sofisticado de la desinformación, la manipulación o la pura mentira a la que se refería Kafka, por medio de los novísimos artefactos. Hay que ocultar como sea la decadencia del sistema y la única manera de conseguirlo ya no es posible a través de las viejas formas, sino con los instrumentos de las nuevas tecnologías, de los algoritmos, de las redes sociales, de la inteligencia synthetic, controladas y manipuladas por inmensas corporaciones no democráticas y muy de derechas.
Es también curioso observar que esta decadencia se manifieste de manera plástica a través de personajes del poder que traslucen pensamientos y actitudes que podrían calificarse de mentalmente insanas. Un presidente de EE UU errático e infantiloide, que pretende el Nobel de la Paz haciendo guerras, que se cree el Mesías, o un vicepresidente que cree en los ovnis como instrumentos del diablo. Mientras otros están obsesionados con recuperar imperios a sangre y fuego o alcanzar el objetivo mesiánico del Gran Israel, aunque sea a través de sucesivos genocidios. Ya lo señaló Antonio Gramsci cuando dijo que se generan monstruos cuando lo viejo se resiste a morir y lo nuevo no acaba de nacer.
V.-La cuestión es cómo se supera esta pesadilla que nos atormenta en este periodo de decadencia del sistema económico‑social imperante. En mi opinión, no encuentro mejor respuesta que con la extensión de la democracia en todas las direcciones. Lo mismo que costó tiempo e interminables luchas la conquista de las libertades políticas y civiles, luego los derechos sociales, por lo menos en una parte de la humanidad, hoy nos debemos plantear, en una nueva alianza de regiones y países, la regulación y, en casos, el management de las grandes corporaciones económicas y tecnológicas.
Mientras estos poderes, que funcionan globalmente en régimen de monopolio, sigan en manos privadas a su aire y exclusivo beneficio, la democracia vivirá en precario o amenazada. La tarea de una Unión Europea cada vez más unida y fuerte, junto con grandes naciones de Latinoamérica, Asia o África, y con los EE UU publish‑Trump, será la de superar este capitalismo salvaje, que nos está conduciendo al desastre, por medio de la extensión y profundización de la democracia.
Un atisbo del qué hacer ha sido la reunión de Barcelona de las fuerzas políticas y sociales progresistas, siempre que no se quede en meras declaraciones y diagnósticos, sino en proyectos concretos de organización y acción colectivas.
