Egipto es uno de los últimos países que imponen penas de prisión por deudas. Las principales víctimas son las llamadas “Gharimat”: mujeres con dificultades económicas que se ven obligadas a endeudarse. Ante la explotación de estas mujeres —a menudo viudas o madres solteras— por parte de acreedores sin escrúpulos, las asociaciones intentan ayudarlas a lograr la independencia financiera.
La prisión por deudas, un castigo abolido en la mayoría de los países en el siglo XIX, aún existe en Egipto. Según el último censo estatal de 2021, las cárceles egipcias albergaban a casi 30.000 “Gharimat”, mujeres encarceladas por deudas. Las ONG afirman que la cifra actual es mucho mayor.
La mayoría de las “Gharimat” comparten el mismo perfil. Viudas o divorciadas, son las únicas responsables de sus hogares, una situación que enfrenta casi una cuarta parte de las madres en Egipto.
Para casar a sus hijas o pagar los gastos médicos o escolares, muchas no tienen más remedio que pedir dinero prestado. Los prestamistas se aprovechan de su vulnerabilidad, obligándolas a firmar cheques en blanco y amenazándolas con prisión si no pueden pagar, a veces por deudas tan pequeñas como 50 €.
Para contrarrestar esto, varias asociaciones ayudan a las mujeres a evitar caer en la trampa de la deuda, enseñándoles una profesión o impartiendo talleres que les advierten sobre los cheques en blanco. En el Delta, la exprisionera Nermine al-Bohteity lleva 15 años defendiendo la autonomía financiera de las mujeres, un símbolo poco común en Egipto de valentía y desafío a las normas sociales.
