
Lo que debería haber sido una buena noticia sobre la investigación del cáncer se ha acabado convirtiendo en un escándalo lamentable por una concatenación de errores en la gestión de su publicación y su presentación al público. El principal responsable de todo ello, Mariano Barbacid, es uno de los científicos españoles más destacados, un pionero en el descubrimiento de los oncogenes (genes cuyas mutaciones causan cáncer) y el primer director del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO), lo que tiñe el asunto de un tono particularmente triste. Pero también lo transforma en una lección de ética científica de la que conviene aprender para el futuro.