Por primera vez en su medio siglo de historia, Badia del Vallès cuenta con una hoja de ruta financiera avalada técnicamente. Un informe que firma el catedrático de la Joaquim Solé, al que ha tenido acceso EL PERIÓDICO, no sólo pone las bases para que la subvención especial que la Generalitat otorga al ayuntamiento vallesano se actualice hasta los 4,1 millones tras una década de congelación, sino que también ofrece pinceladas sobre los pasos que debe dar el municipio para ser independiente económicamente. La principal, lograr que su suelo se revalorice por tal de ir incrementando los valores catastrales y, consecuentemente, recaudar más Impuesto sobre Bienes Inmuebles (IBI) en unos años.
El alcalde de Badia, Josep Martínez (PSC), sitúa esa aspiración de independencia económica a unos 10-15 años vista: “No queremos vivir eternamente de la subvención de la Generalitat”, sostiene. Eso sí, Martínez deja claro que no quiere esa autonomía a cualquier precio. “No queremos llenar el municipio de grandes tenedores; los valores catastrales deben subir, pero debemos proteger la vivienda para no perder nuestra esencia”, apuntala Martínez. Lo que sí se atreve a afirmar el es que está “trabajando” para que salgan de la zona de mercado tensionado las 1.200 viviendas de Badia cuya liberalización se ha paralizado, por tal de que puedan competir a precios del mercado libre.
El informe del catedrático Solé fundamenta la estrategia municipal en la que a su juicio es la mayor singularidad de Badia: su “extraordinariamente baja base fiscal”. Es decir, su limitadísima capacidad para recaudar impuestos, que se suma a sus bajas rentas. Especialmente el Impuesto sobre Bienes Inmuebles (IBI), clave de bóveda de las haciendas locales, derivada de unos valores catastrales muy bajos y acordes con que, hasta este 2026, la totalidad del parque de 5.200 viviendas de Badia era de protección oficial.
Mientras Badia recauda a día de hoy 1,7 millones de IBI urbano al año, las vecinas Barberà del Vallès y Sabadell ingresan anualmente 12,3 y 58,7 millones, según datos del Catastro Inmobiliario del Ministerio de Hacienda. Por tener una dimensión completa del fenómeno, Barcelona ingresa casi 750 millones por IBI urbano cada año. Al tiempo que Badia ingresa 332 euros por habitante por el total de impuestos, tasas y precios públicos, la media en Catalunya está en 851 euros por habitante. Datos que permiten a Solé concluir una “muy notable diferencia en capacidad fiscal entre Badia y el conjunto de municipios de Catalunya”.

Comisión Bilateral entre Badia del Vallès y el Govern. / Generalitat de Catalunya
Una futura y fructífera revisión catastral
Si algo tiene claro Solé es que Badia “ha hecho los deberes y no se ha dormido en su pobreza”. Se refiere el experto a que el municipio ha ido subiendo el gravamen del IBI, hasta el actual 1,05% (su máximo legal es del 1,16%), y es uno de los municipios catalanes que más recientemente ha revisado valores catastrales, concretamente el año 2010. “No ha habido gandulería fiscal, sino un gran esfuerzo por parte del ayuntamiento”, apostilla Solé.
El catedrático augura que los valores catastrales puedan subir con los años, por eso recomienda pensar en una revisión catastral a 10-15 años vista. “Ahora no daría resultado, es un proceso muy lento”, comenta. Diversos factores llevan a pensar en la potencial revalorización del suelo de Badia. Uno es la operación que ha situado a Badia como la primera ciudad de Europa que inicia en bloque la retirada de su amianto. Otro factor que suma es la liberalización de miles de viviendas protegidas del municipio.
“En el municipio se instalarán 4 o 5 empresas que ayudarán a mejorar nuestros valores catastrales”, argumenta el alcalde Martínez, quien perfila también “actuaciones de eficiencia energética, nuevos aparcamientos y mejoras en las conexiones de transporte público” para ampliar la base fiscal.
El municipio vallesano se halla en la primera expansión económica de su historia con dos nuevos supermercados, una residencia de estudiantes que lo vincule a la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB) y nuevo tejido comercial. Una “oportunidad”, rubrica Solé, “para que cada vez se instalen en Badia más vecinos de calidad y algún día, seguro, deje de necesitar las ayudas económicas de la Generalitat para sobrevivir”.
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