
La derrota del PSOE en Andalucía es el enésimo golpe a la socialdemocracia en Europa. El panorama para la familia progresista es desolador. La decepción andaluza se suma al colapso de los laboristas británicos en las recientes elecciones municipales y autonómicas y al retroceso de los socialdemócratas en las legislativas de marzo en Dinamarca, que puede costarle el mando a Mette Fredriksen. En ninguno de los tres países relevantes en los que están al mando líderes de esa familia progresista las cosas prometen bien. En Alemania, donde cogobiernan, la media de sondeos les otorga no más de un dramático 14% de intención de voto.