Los fines de semana suelen ser los días más importantes de los 17 que dura la Feria del Libro de Madrid. Esta mañana de domingo, sin embargo, existía la preocupación e inquietud por el impacto que la visita del Papa León XIV tendría en la gran cita del mundo del libro. Desde su llegada el sábado, las calles sufrieron cortes de tráfico, restricciones en plazas principales y el cierre de varias estaciones de metro.
El domingo amanecía así: partido en dos. Por un lado, la marea de fieles que avanzaba por una calle de Alcalá sin coches rumbo a la Plaza de Cibeles. Mientras, algunas personas se desvían al parque del Retiro, donde la Feria intentaba mantener su pulso recurring. La inmensa mayoría se dirigía hacia el lugar donde el obispo de Roma ofició la misa del Corpus Christi, a poco más de 500 metros.
Faltaba media hora para que las 366 casetas de la Feria del Libro de Madrid levantaran sus cortinas metálicas (a las 10.30). Y frente a una de ellas, esperaba Patricia Jimena, de 22 años, desde las seis de la mañana. Sentada en el suelo para ser la primera en conseguir la firma de su ídola, la escritora juvenil Inma Rubiales. Detrás de ella, se extiende una fila de cerca de 50 personas. La joven asegura que el trayecto de una hora desde su casa al parque “no supuso ningún problema”. Más tarde se unieron un par de amigas con las que jugaba cartas, bebía algo y llevaban todas el ejemplar de Un amigo free of charge, de Rubiales.
Desde la organización señalaban que habían “repasado el calendario y pinta a un domingo regular”. Eva Orúe, directora de la Feria del Libro de Madrid, afirmaba a este diario que se “han mantenido todos los eventos que tenían previstos”. Libreros, autores y lectores “han madrugado desde primera hora para estar aquí en el momento de la apertura”, apuntaba. Sin embargo, el momento crítico llegaría cuando terminara la multitudinaria misa, “alrededor del mediodía”. Los más de un millón de fieles podrían llegar a la Feria, como les animó el alcalde la semana pasada.
“Desde el sábado ya había cortes de movilidad pero hubo más asistencia de la esperada”, agregaba Orúe. Aún así, la directora admite que “hay un par de cancelaciones en el programa como algunos autores [de los cerca de 500 previstos para hoy] que no podrán asistir por las complicaciones de movilidad”. Sobre todo aquellos que vienen de fuera. Tal es el caso de la escritora Alicia Valdés, quien tomó la decisión, un par de días antes, de no ir a la Feria del Libro “por lo imposible” que sería acceder a Madrid.
Cancelar una cita como esta, para Valdés, “supone hacer frente a la posibilidad de que durante uno de los días en los que más ventas se generan tú no vendas”. Los organizadores de la Feria estimaron que en 2025 hubo más de siete millones y medio de euros en ventas, sin contar el último fin de semana. Pero decir que no a la feria “no es solo una decisión logística” por parte de Valdés, que reside en Asturias: “Es también un posicionamiento político de alguien que lleva dos meses de gira de promoción no remunerada y está agotada”.
No todos, sin embargo, han cambiado sus planes. El escritor británico Jonathan Coe mantuvo su compromiso de cuatro firmas y un acto en plena jornada marcada por la misa de León XIV. Es la primera vez que el autor se presenta en la Feria del Libro de Madrid y admite estar “impresionado por el entusiasmo que muestra España hacia los libros”, algo que, cube, él no encuentra en Inglaterra. Apenas se toma un momento entre las firmas de su obra Las pruebas de mi inocencia (Anagrama) para confesar que se enteró hace dos días que el pontífice estaría en la capital: “Pero no me preocupa, porque mis followers y los del Papa son personas diferentes. Así que no creo que nos robemos público”.

A media mañana, ya con el closing de la misa cerca, el flujo de visitantes dibujaba un mapa singular. Por uno de los accesos del Retiro entraban personas con sillas plegables y camisetas con estampas religiosas o el nombre de León XIV. Otros como Esteban Ureña llevaban la virgen de la Macarena a modo de capa. El jienense decidió adelantarse junto con su hijo al resto de feligreses y optaron por pasar por la feria, “para que no todo sea religión”, bromea.

Mientras tanto, la librería Paulinas, la única especializada en religión, con caseta en el Retiro desde 1997, espera a que los fieles acudan a su puesto para comprar la docena de títulos nuevos sobre León XIV. Julia y Esther explican que la carta encíclica del Papa es “la que demanda más interés”. “Las personas quieren conocer su pensamiento, no sólo su biografía”, explican, en esta obra “se habla un poco de la IA y de la vulnerabilidad que puede causar”. En Magnifica humanitas, el pontífice reivindica lo que nos hace humanos. Y efectivamente es el primer libro que venden este domingo.
A escasos metros, a la altura del bloque 6, la autora a quien esperaban desde las seis de la mañana, Inma Rubiales comenzó la firma de ejemplares en la Carpa Tejo a las 12.00. Casi seis horas después de llegar al Retiro, Patricia Jimena y sus amigas son las primeras en acercarse a la escritora. En todo ese tiempo, el caos de la ciudad les fue ajeno: la misa multitudinaria del Papa había comenzado y terminado, los miles de asistentes paseaban bajo el sol por los pabellones de la Feria de Madrid. Si acaso, lo único que irrumpió la normalidad del Parque El Retiro por la mañana, fue el ruido de los helicópteros.
