
Las cuentas apenas cuadran, pero el Gobierno ruso se ve forzado a elevar aún más unos incentivos económicos que ya eran desorbitados para atraer nuevos reclutas al ejército. El Kremlin ha evitado durante cuatro años una segunda movilización forzosa gracias a los generosos salarios que ofrece por ir al frente de la guerra en Ucrania, pero el fondo de voluntarios no es infinito. Las negociaciones de paz que pretendía impulsar Donald Trump están en punto muerto y el tiempo también presiona a Rusia en su invasión del país vecino. La alternativa, el reclutamiento a la fuerza, podría ser un desencadenante de protestas dentro del país.