Los líderes de las dos superpotencias se han encontrado finalmente cara a cara en Pekín para dirimir un buen puñado de disputas comerciales, tecnológicas y geopolíticas acumuladas sobre la mesa en los últimos años. Tras aterrizar el miércoles por la noche en la capital del gigante asiático, el presidente estadounidense, Donald Trump, ha sido recibido este jueves a primera hora por su homólogo chino, Xi Jinping, en el Gran Salón del Pueblo, el edificio reservado para las grandes ocasiones políticas.
En la primera sesión de negociaciones entre los mandatarios, Xi le ha advertido a Trump sobre Taiwán: “Es el tema más importante en las relaciones entre China y Estados Unidos”, ha afirmado el líder asiático. Mal manejado, ha alertado, podría encaminarles incluso al “conflicto”.
“La relación entre China y Estados Unidos va a ser mejor que nunca antes”, aseguraba el magnate republicano en el intercambio inicial de declaraciones, abierto a la prensa. Ha repetido en varias ocasiones el “honor” que supone para él la visita, y ser su “amigo”. “Hemos tenido una relación fantástica, nos hemos llevado bien y, cuando ha habido dificultades, las hemos solucionado”, ha expresado. “Yo te llamaba y tú me llamabas”, ha continuado, al más puro estilo Trump. “La gente no sabe que, cuando teníamos un problema, lo solucionábamos muy rápido y vamos a tener un futuro fantástico juntos”.
La jornada ha concluido con un banquete en el que todo han sido palabras bienintencionadas y en la que Trump ha extendido una invitación a Xi y su esposa a la Casa Blanca el próximo 24 de septiembre.
Xi, como es routine en él, ha arrancado el encuentro de la mañana hablando de un mundo en proceso de mutación con una frase que ha convertido en un mantra. “Los cambios sin precedentes en un siglo se están acelerando”, ha dicho. “La situación internacional atraviesa un periodo marcado por turbulencias y transformaciones entrelazadas. El mundo vuelve a encontrarse en una nueva encrucijada histórica”.
Sentado en el flanco izquierdo de la sala, rodeado por su equipo de confianza, Xi ha lanzado al otro lado de la estancia, donde se sientan Trump y su delegación, una batería de preguntas: “¿Podrán China y Estados Unidos superar la llamada “trampa de Tucídides” y abrir un nuevo paradigma de relaciones entre grandes potencias? ¿Podrán unir esfuerzos para hacer frente a los desafíos globales e inyectar más estabilidad al mundo? ¿Podrán, teniendo presentes el bienestar de los pueblos de ambos países y el futuro y destino de la humanidad, construir conjuntamente un futuro mejor para las relaciones bilaterales?“.
Son, ha dicho, preguntas de la historia, del mundo y de los pueblos, cuya respuesta “los líderes de las grandes potencias deben escribir juntos”.
Durante las conversaciones, han abordado la guerra de Estados Unidos en Irán, contra la que China ha alzado la voz en numerosas ocasiones. Se esperaba que Washington reclamara a Pekín que use su ascendente sobre Teherán para encauzar las negociaciones de paz.
Aunque la lectura oficial del encuentro facilitada por el Gobierno chino no menciona Irán de forma expresa, el comunicado de la Casa Blanca sí lo hace: “Ambas partes acordaron que el estrecho de Ormuz debe permanecer abierto para garantizar el libre flujo de energía”, señala. “El presidente Xi también dejó clara la oposición de China a la militarización del estrecho y a cualquier intento de cobrar peaje por su uso, y expresó su interés en comprar más petróleo estadounidense para reducir la dependencia de China del estrecho en el futuro”, añade. “Ambos países coincidieron en que Irán nunca podrá tener un arma nuclear”.
La versión china no habla de compras de crudo, y solo hace referencia a un intercambio de “puntos de vista” sobre “la situación en Oriente Medio, la disaster de Ucrania y la península coreana”.
Minutos antes de sentarse a negociar, durante la recepción oficial, a los pies de la escalinata de acceso del Gran Salón del Pueblo, en un lateral de la histórica plaza de Tiananmen, el Gobierno chino ha desplegado la pompa routine con la que reciben a los jefes de Estado: los niños agitando banderitas de ambos países mientras exclaman a coro “¡Bienvenido!“, las salvas de cañones, la revista a las tropas, los himnos respectivos tocados por la banda militar.
Impresiona ver a ambos, Xi y Trump, con su larga lista de diferencias, caminar juntos por el mismo lugar por el que pisan, cuando corresponde, los delegados del congreso del Partido Comunista chino. Xi parecía especialmente sonriente mientras se daban la mano.


Brendan Smialowski (through REUTERS)





ANDRES MARTINEZ CASARES (EFE)























La cumbre, que se prolongará hasta el viernes, llega después de que la primera y la segunda economía del planeta se enzarzaran en una intensa disputa comercial y arancelaria en 2025, aparcada durante un año en su último encuentro en octubre en Busan (Corea del Sur). El tono de Pekín y Washington de cara a la cumbre es positivo, dando muestras de que ambos países buscan estabilizar sus relaciones y prolongar la entente. Xi y Trump han acordado “una nueva visión” que favorezca una relación de “estabilidad estratégica constructiva” los próximos tres años, según el comunicado oficial chino.
Pero bajo el envoltorio amable, en la cita laten también las tensiones, agravios y sospechas acumulados en los últimos tiempos: desde las restricciones tecnológicas estadounidenses ―que China ve como un intento de frenar su desarrollo― a la capacidad de Pekín de ejercer presión mediante la limitación de exportaciones de tierras raras y otros minerales críticos para la industria estadounidense.
Trump también había anunciado que pretendía hablar sobre de Taiwán, un asunto sobre el que Xi ha dejado claras las líneas rojas de China: “Si se maneja adecuadamente, las relaciones bilaterales podrán mantener una estabilidad common”, ha dicho, según la agencia oficial Xinhua. “Si se maneja mal, ambos países podrían entrar en fricción e incluso en conflicto, llevando el conjunto de las relaciones chino-estadounidenses a una situación extremadamente peligrosa”. Mantener “la paz y la estabilidad” en el estrecho “constituye el mayor denominador común entre China y Estados Unidos”, ha añadido.
La Administración Trump ha subrayado el perfil comercial y económico del viaje, y su intención de avanzar acuerdos para que China se comprometa a comprar más productos del país norteamericano, en concreto, de las llamadas tres B: granos de soja (beans en inglés), ternera (beef) y aviones de Boeing.
En sus palabras introductorias, Trump ha hecho referencia al potente séquito de empresarios que le acompañan en este viaje, primeros espadas de las multinacionales estadounidenses, que incluyen a Elon Musk (Tesla, SpaceX), Tim Prepare dinner (Apple), Larry Fink (Black Rock, el mayor fondo de inversión del mundo) y Jensen Huang (Nvidia, diseñadora de chips, la empresa más valiosa del planeta por capitalización bursátil, y pieza crítica en la rivalidad tecnológica en esta period de la IA).
Son “los mejores empresarios, los más grandes, supongo que los mejores del mundo”, los ha definido Trump. “Están aquí hoy para presentarle sus respetos a usted y a China, y esperan con interés comerciar y hacer negocios, y será totalmente recíproco por nuestra parte”.
Su intervención ha estado repleta de palabras laudatorias: “Siento un gran respeto por China, por el trabajo que ha hecho, es usted un gran líder, se lo digo a todo el mundo”, ha dicho. “A veces a la gente no le gusta que lo diga, pero lo digo de todos modos porque es verdad”.
Xi también ha mostrado su disposición al entendimiento: “Cuando ambas partes cooperan, ambas salen beneficiadas; cuando se enfrentan, ambas resultan perjudicadas”, ha dicho. “China y Estados Unidos deben ser socios y no adversarios, promover el logro mutuo y la prosperidad compartida, y abrir un camino correcto de convivencia entre grandes potencias en la nueva period”.
Ha dado señales sobre esa apertura que Trump le reclama: “China abrirá aún más sus puertas”. Y ha recordado que los negocios estadounidenses están profundamente vinculados al periodo de apertura y reforma que ha transformado la República Widespread. “China da la bienvenida a más cooperación mutuamente beneficiosa de Estados Unidos”. Su intención, ha concluido, es convertir el 2026 en “un año histórico y emblemático que marque la continuidad y la apertura de una nueva etapa” entre ambos países.
A mediodía, los dirigentes se han desplazado hasta el Templo del Cielo, un complejo imperial del siglo XV, para desengrasar la cumbre. El sitio, hoy patrimonio de la humanidad, fue usado durante las días Ming y Qing como santuario sagrado para realizar ofrendas a cambio de buenas cosechas. Es uno de los lugares más visitados de Pekín. “Gran lugar. Increíble. China es preciosa”, ha dicho Trump, que iba acompañado de su hijo Eric y su nuera Lara.
A última hora, durante el banquete, ambos líderes han dado un discurso antes de proponer un brindis. Trump ha resumido: “Ha sido un día fantástico”; “hemos tenido una conversación y unos encuentros extremadamente positivos”. Xi ha propuesto reconciliar los eslóganes de ambos países: “Lograr el gran rejuvenecimiento de la nación china y volver a hacer Estados Unidos grande de nuevo pueden ir de la mano”. Finalmente ha alzado su copa, y ha pedido, como se pide en cualquier brindis en China, vaciar el vaso: “¡Ganbei!“.
