
Quien probablemente constituyera la figura más representativa de lo que se denominó la “nueva política” fue quien primero lanzó una “alerta antifascista” el 2 de diciembre de 2018, tras conocerse la irrupción de Vox en el Parlamento andaluz. Luego, él mismo, formando ya parte del Gobierno central, corrigió en sede parlamentaria en 2020 su propia alerta, al espetarle al líder de la oposición que a la suma de escaños de PP, Vox y, por aquel entonces, Ciudadanos nunca le alcanzaría para ganar una investidura. Hoy, el que emitiera tan contradictorios mensajes regenta una taberna, mientras que sus hijos políticos, solo un poco descarriados de la senda del padre, andan organizando la enésima refundación de la izquierda-a-la-izquierda-de-la-izquierda, por transcribirlo con la grafía heideggeriana. Como pequeña muestra de los tumbos que anda dando ese sector político en nuestro país no está nada mal. Aunque lo peor tal vez sea que fue a sus brazos a los que decidió arrojarse la otra izquierda, la oficial y mayoritaria, hace ya más de un lustro. Brazos de los que, por lo visto, no parece dispuesta a distanciarse ni lo más mínimo ni bajo ningún concepto, haga lo que haga y diga lo que diga dicho sector.