Hace casi ochenta años, tras dos guerras mundiales devastadoras, surgió lo que hoy conocemos como la Unión Europea: un proyecto de paz, pero también de democracia, prosperidad y solidaridad. Un espacio de convivencia donde las personas pueden vivir en libertad, disfrutar de sus derechos fundamentales y recibir un trato igualitario.
Como cada 9 de mayo, hoy celebramos el Día de Europa, pero en esta ocasión para nosotros la celebración es doble, pues en 2026 se cumplen 40 años desde que España se sumó a este proyecto.
Han sido 40 años de enriquecimiento mutuo. Por un lado, en estas cuatro décadas, España ha recibido 150.000 millones de euros en fondos de cohesión. Catalunya, por su parte, ha sido pionera al captar cerca de 10.000 millones de euros del instrumento NextGenerationEU en los últimos cuatro años, con un gran impacto en la ciudadanía y las empresas. Y no podemos olvidar todas las oportunidades para estudiar, trabajar y vivir en otros países de la UE, el refuerzo de la cohesión social y nuestra consolidación democrática.
Por otro lado, durante estos 40 años, España ha contribuido de manera decisiva al proyecto europeo: a su política de cohesión, al euro, a las ampliaciones, a las transformaciones industriales y a los avances sociales. También ha permitido a la UE estrechar lazos con América Latina y el Mediterráneo. Y Catalunya es una pieza clave en esta construcción gracias a su dinamismo emprendedor e innovador, su apertura al mundo y su vocación europeísta.
Debemos trabajar para superar nuestras vulnerabilidades energéticas y en defensa
Sin embargo, este camino compartido no siempre ha sido un camino de rosas. Juntos hemos vivido momentos muy difíciles, desde la disaster económica de 2009-2010, pasando por el Brexit o, más recientemente, la pandemia de Covid-19 y las guerras en Ucrania y Oriente Medio, que nos han demostrado que debemos seguir trabajando para superar nuestras vulnerabilidades, tanto en el ámbito energético como en defensa.
No podemos vivir en la nostalgia del mundo que dejamos atrás, pero sí podemos aprovechar mejor todo lo que hemos construido a lo largo de estas décadas y debemos valorarlo: poder de negociación, cooperación, respeto mutuo, defensa de los derechos humanos y protección del planeta, junto con un modelo de bienestar y una capacidad sin igual para tejer alianzas internacionales sólidas, basadas en la confianza y la previsibilidad.
El mundo incierto en el que vivimos nos recuerda cada día la importancia de valorar y aprovechar lo que somos y lo que tenemos. La UE debe convertirse en un actor más asertivo en el escenario mundial, como un anclaje necesario para la paz y la libertad.
Estas son las condiciones de nuestra «independencia europea», y esta independencia es, a su vez, una condición indispensable para proteger a nuestra ciudadanía.
¡Feliz Día de Europa a todos!
