Es muy curioso lo rápido que nos hemos anestesiado: ayer, en mi clase de periodismo, el hantavirus period un desconocido; la gente se miraba con esa apatía de quien ya lo ha visto todo, hasta que la cifra del 40% de mortalidad del virus nos hizo levantar, por un segundo, la vista del móvil y erguirnos en el pupitre. Parece que no hemos aprendido nada de la última pandemia. Mientras algunos medios intentan ofrecer datos sin extender el terror, nosotros nos hemos desconectado de la realidad analítica para refugiarnos en la hipocondría digital. Ignoramos los hechos en el aula solo para regodearnos después en el sobresalto de un titular apocalíptico en redes. Si el pasotismo es nuestra nueva respuesta a la amenaza y el clickbait nuestro único interés, el periodismo que viene no tiene lecciones pendientes del coronavirus, sino una asignatura de humanidad y atención suspendida. Nos estamos acostumbrando a vivir en el susto digital mientras la vida actual nos pasa por delante sin que nos importe lo más mínimo.
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