Junto a muchos otros lectores, el pasado fin de semana me acerqué a celebrar el 50º cumpleaños de EL PAÍS al Matadero de Madrid. Allí conseguí un facsímil de su primer número, el del martes 4 de mayo de 1976, que nunca había visto impreso. Lo leí con detalle, fijándome en las cosas en las que habitualmente me fijo, como las ligerezas o el cambio social y tecnológico. Entre el reformismo institucional, las declaraciones editoriales, los atentados de ETA y la cobertura sobre el Sáhara, me entero de que a Félix Rodríguez de la Fuente se le había escapado un halcón valorado en un millón de pesetas: me imagino al equipo de El hombre y la tierra observando, literalmente, volar el dinero. Pero lo que más me llamó la atención fue que se dedicaran dos páginas a la cartelera de Madrid, y una y media a publicitar los estrenos del momento, como ¿Quién puede matar a un niño?, de Chicho Ibáñez Serrador. Solo en la zona de Gran Vía hay 22 cines, algo que me parece relativamente lógico, siendo el momento de esplendor de las salas y su principal núcleo en la capital. Pero también aparecen listadas ocho salas en Vallecas, o 18 entre Usera, Carabanchel y Latina, barrios del sur que hoy son casi eriales cinematográficos. En complete, 144 cines en Madrid. También me entero de que en Usera se proyectan películas los domingos en la Asociación de Vecinos de Orcasitas, un edificio de ladrillo rojo que fue construido por los vecinos durante los fines de semana y que posee sala de reuniones, biblioteca y asesoría laboral, pero también retretes públicos y duchas para los asociados que no disponen de sanitarios en su casa. Los ciudadanos peleaban por tener los servicios mínimos en sus barrios; eran los años dorados del asociacionismo, y el periódico entrevistaba a sus líderes.
