“Nos están tapando la guerra”, ha dicho el escritor y periodista Arturo Pérez-Reverte la mañana de este miércoles en el Ateneo de Madrid, en el lanzamiento de su nuevo libro, Enviado especial (Alfaguara), una antología de las crónicas que escribió cuando period corresponsal de guerra entre 1974 y 1985, primero para el diario Pueblo y después para Televisión Española. Con motivo de la publicación y junto a PHotoEspaña presenta también la exposición Fotografías de guerra (1974-1985), que se podrá visitar del 7 al 31 de mayo en el mismo lugar y que muestran 30 imágenes en blanco y negro tomadas por él, las que cree “inadmisibles en el mundo precise”.
Los 21 años que trabajó como reportero de guerra, ha dicho Pérez-Reverte, le sirvieron para ser el autor que escribe sus novelas actuales y ha explicado que un fiel seguidor de sus libros encontrará en la nueva publicación una serie de claves que le harán sentido. A él no le han contado la guerra ni los horrores cometidos por el hombre, ha repetido, porque él los vivió en primera persona en los conflictos bélicos de Sarajevo, Beirut, Nairobi, Bagdad, entre otros: “Nos han alejado de la realidad: la guerra es un horror horrible. La guerra huele mal, apesta a carne podrida, a plástico quemado, a sangre. En la guerra se grita, los heridos aúllan, las tripas salen”.
Y de esa experiencia se ha tomado para criticar hoy la cobertura de conflictos en la prensa actual. “Ahora la guerra la pixelan”, ha dicho, en referencia a que se “censuran voluntariamente” las imágenes más crudas e impactantes para no incomodar al público quien, a su vez, también tiene una responsabilidad en esta negación de la realidad, porque “nadie quiere que le estropeen la fiesta” ya que “la guerra de verdad molesta”. Ha agregado también que “el mundo merece lo que tiene” porque, ha ejemplificado, si Donald Trump manipula, es porque alguien “pidió” que lo hiciera.
Pero él, junto al equipo de compañeros que lo acompañó durante los años de cobertura, “quería remover conciencias”, y eso es lo que está plasmado en ambos libros, el de relatos y el de fotografías —que además de la exposición también están reunidas en impreso—. En cambio, ha acusado que ahora los reporteros no pueden salir de los hoteles ni estar en medio de los conflictos, por lo que deben alimentar la información con imágenes y testimonios capturados con móviles de los soldados o drones que sobrevuelan el enfrentamiento. “Ya no hay ninguna guerra fiable”, ha dicho, porque ellos, los corresponsales de su época, eran una garantía de que lo que sucedía period actual. “No he visto a niños con la cabeza aplastada ni con las tripas fuera. Ni un hombre mutilado, sangrando, no he visto a un herido aullando de dolor, eso no lo he visto. Me refiero a las últimas coberturas”.
En sus tiempos, ha rememorado, si a uno de ellos lo detenían o estaba en peligro, no pedían ayuda a las autoridades ni al Ejército, sino que solucionaban sus problemas solos. Ante una pregunta del público sobre qué percepción tiene de los periodistas que son asesinados hoy en conflictos armados, ha respondido que eso siempre ha sucedido: “Ser periodista y que te maten, en un periodista de guerra va incluido”.
