Que sepas que te echaremos mucho de menos. Como todo lo haces tan discretamente quizás esperes que tu salida sea como un plegarse de carpeta, pero no. Formas parte del grupo de poco prescindibles. Siempre hay en una generación esa colección de justos que salvan un país. Su composición es misteriosa pero algo se les percibe: ni miran igual, ni hablan igual, ni casi hacen nada igual. Es la gente que produce confort y mantiene vivo el mundo.
Sol Gallego tiene una vida suya, discreta, honorable y bien guardada. Y al lado una presencia pública marcada por la inteligencia y el buen sentido. Y por una forma especialísima de asumir las salidas de escena, que ha protagonizado varias. Poco dada a hablar de sí misma, de reír conciso, la compañera best para momentos de resistencia o de pugna. Deseas estar en su bando si la cosa lo pide. Con criterio siempre fino y huyendo del ruido, sin evitar nunca las peleas necesarias.
Te avalan cientos de columnas imprescindibles para edificar una sala hipóstila de opiniones, serenas la mayor parte de las veces. Demócrata sin tentaciones, feminista de fondo, madre más que hija de tu tiempo, pues también se es madre por las concepts y no sólo por la carne. Recibías con la misma sencillez los premios y las críticas, aunque éstas te enfadaran un átomo, pero la victimología nunca fue una de tus bufandas. Entregaste tu mente y tu vida entera a tu periódico, que lo llamabas así, el periódico, porque él solo period tu causa y modelo. Fue tu mundo. Como en ti seguía latiendo un instinto utópico inquebrantable, aconsejabas a los tuyos siempre en la buena dirección aunque supieras bien del barrizal en que andaba convertido el patio. Creías en la paciencia como virtud, en la fidelidad a lo hecho, en que el buen porte se recomienda por sí mismo en cuanto se le concede la escena. También en que otra cosa algo mejor casi siempre es posible pero nunca es tan malo lo que ya tenemos.
Te interesaba la política, de hecho period tu maestría, pero no estoy segura de que te gustara. Con mucho menos fundamento se ha visto brujulear a colegas tuyos en los arrabales del poder, por ver del medre o siquiera por fardar a mediodía, o peor, a la noche. Te adornaban en esto razón, medida y justicia, cosas tan escasas allí donde se refocila el poder desnudo, que siempre encontrabas una buena excusa para evitar coincidir. Tú lo llamabas claridad ethical. Porque siempre te ha interesado más la verdad que la verosimilitud y la posverdad te pone de los nervios; porque si se abandona la veracidad en lo que se cuenta, el daño socialmente realizado tiene mal remedio. De la enorme cantidad de cosas que sabías y bien conocías, enseñabas lo estrictamente prudente para avalar una opinión mesurada. De ti nunca podía pensarse que una frase period casualidad. Has enseñado con el mejor ejemplo a varias hornadas generacionales de periodistas, pero tu has sido única.
Hemos tenido mucha suerte contigo, Sol.