Ese concepto de prioridad nacional introducido en nuestra política en las últimas semanas por el populismo de derechas apela a un tópico. El lema de colocar tu castellanía por encima de cualquier mestizaje no es ajeno a nuestro pasado. También en todas las esquinas del planeta siempre hay alguien que quiere escuchar que sus políticos priorizan su pedigrí sobre el resto de perros callejeros. El último gran éxito de esta deliciosa engañifa fue la gorra trumpiana del America First. A estas alturas, los miles de militares norteamericanos empantanados desde hace meses a la boca del estrecho de Ormuz empiezan a preguntarse qué parte de América tiene capital en Teherán. La angélica thought de que las bombas perseguían, en lugar del puro negocio, liberar a la población sometida a los clérigos iraníes ya ha sido descalificada. La represión se ceba con los jóvenes que se atrevieron a protagonizar las revueltas contra el poder religioso, que ahora son presentados como traidores a la patria. Igual que los dos líderes con más ascendente sobre Trump, Putin y Netanyahu, también los ayatolás utilizan la guerra y el patriotismo que desencadena para eternizar su permanencia en el poder.
