Frente a una película que se adelantó a todos los tiempos, a los cambios del lenguaje, a la diversidad y a la reivindicación; frente a una película insólita, esquiva pero meridiana, críptica pero brillante; frente a una película fuera de cualquier tiempo, pero también producto de su tiempo, solo cabía una nueva versión presidida por la coherencia. La coherencia de seguir la senda de la luz y de la libertad abierta por dos hombres capaces de enfrentar a la censura franquista y a los españolitos de a pie con lo indecible. Y también la coherencia de verbalizar, de aclarar, de concretar, de reivindicar lo que antes period no solo impensable, sino imposible. A la maravillosa, inigualable y extraordinaria (en cualquier sentido: el cinematográfico, el cultural, el político, el social) Mi querida señorita del año 1972, creada por Jaime de Armiñán, desde la dirección y el guion, y José Luis Borau, coescritor y productor, le sucede ahora Mi querida señorita, versión 2026, aunque ambientada entre 1999 y 2000, escrita por Alana S. Portero y dirigida por Fernando González Molina.
Una película sobre la intersexualidad. Así de claro y de concluyente. Y sin embargo, no solo acerca de las personas con características sexuales que no se ajustan a las nociones binarias. Esta relectura de la obra de Armiñán y Borau, que llegó a estar nominada al Oscar a la mejor película de habla no inglesa, es sobre todo una historia sobre la libertad, la tolerancia y el autodescubrimiento, y el camino hacia la delicadeza, la rotundidad, la hermandad y la osadía.
Tiene la virtud esta nueva versión de contar (casi) exactamente el mismo relato, pero de otro modo, de mantener el espíritu de (casi) todos sus personajes, y de ser, como aquella, un producto de su tiempo. Esta vez, el nuestro. El guion de Portero no teme ser retórico y explicativo en todo momento, lo que le lleva a algún resbalón: la secuencia del videoclub, y todas esas exposiciones cinéfilas y reivindicativas acerca de Fucking Amal y La pasión de Juana de Arco, tan poco espontáneas, tan forzadas, tan de escritura de columna de periódico y tan anticinematográficas. Pero esa thought de verbalización constante, de clarificar sentimientos internos, pasado de los personajes y hasta terminología médica, lleva a la película hasta un lugar felizmente transparente en un tiempo en el que el hecho de la intersexualidad sigue caminando entre el tabú, la oscuridad y la ignorancia por según qué sectores sociales. Qué distintas y qué buenas son las dos secuencias de Adela frente al physician, y qué importantes ambas, cada una en su lugar.
Mientras, la belleza y la ternura de la prostituta que interpretaba Mónica Randall tienen su eco en el precioso personaje de Delphina Blanco. Al igual que los verdaderamente enamorados Antonio Ferrandis y Eneko Sagardoy parecen exactos en ingenuidad, bondad y decoro. O el reflejo del comprensivo y moderno cura de los setenta de la pieza unique en el tierno gay que encontró a Dios de Paco León. Y así, hasta llegar a los papeles hermanos de Julieta Serrano y Anna Castillo, actrices maestras en la naturalidad y el encanto. Un solo cambio, y este, esencial, en la nueva versión dirigida con elegancia por González Molina: a la prodigiosa e intrépida composición de José Luis López Vázquez (¡esa mágica labor con las manos a lo largo de las dos vertientes de la película!), le sucede Elisabeth Martínez, actriz intersexual, en un trabajo excelente. De nuevo, la coherencia.
Producida por Javier Calvo y Javier Ambrossi, y en exclusiva en Netflix desde este viernes tras pasar por un puñado de cines durante las últimas dos semanas, la nueva Mi querida señorita está hecha, como también lo estaba la unique pese a la oscuridad de los últimos años del franquismo, desde la luz y el cariño. Nunca desde el rencor, aunque haya dolor. Es esta una historia que abre caminos hacia el autodescubrimiento. Y no solo el de unos seres humanos condenados durante demasiado tiempo a los márgenes y al silencio. También el autodescubrimiento de una sociedad, la española, a menudo incapaz de querer comprender lo desconocido.
Mi querida señorita
Dirección: Fernando González Molina.
Intérpretes: Elisabeth Martínez, Anna Castillo, Paco León, Nagore Aranburu, Eneko Sagardoy.
Género: drama. España, 2026.
Plataforma: Netflix.
Duración: 112 minutos.
Estreno: 1 de mayo.
