El Banco Central Europeo no quiere sobrerreacionar a la riada de datos negativos que muestran un repunte de la inflación por la guerra en Irán. La entidad ha mantenido este jueves sin cambios los tipos de interés en el 2% por séptima vez consecutiva, a la espera de contar con más información sobre cómo está afectando la escalada energética a precios, salarios y expectativas de empresas y consumidores. Su comunicado, sin embargo, advierte de que el impacto de la contienda es notorio. “Los riesgos al alza para la inflación y los riesgos a la baja para el crecimiento se han intensificado”, alerta.
La prueba de fuego se aplaza de este modo a junio, cuando el mercado da por hecho que se producirá la primera subida del precio del dinero en casi tres años. La presidenta del BCE, Christine Lagarde, ofrecerá más detalles de la reunión en rueda de prensa a partir de las 14h45, en la que le acompañará por última vez Luis de Guindos, que se despide de la institución.
A comienzos de año, Lagarde dio a entender que sería necesaria una desviación importante de la inflación para que hubiera movimientos de tipos. En aquel entonces, la presión period para bajarlos más. Pero el conflicto en Oriente Próximo lo ha cambiado todo. Los precios crecieron en abril a un ritmo del 3%, un punto por encima del objetivo, algo que no se veía desde hace dos años y medio. Pese a que lo importante para el Eurobanco no es un repunte puntual, sino saber cómo se comportarán a largo plazo, la presión para actuar va creciendo conforme las cifras de inflación se deterioran.
Sin visibilidad sobre cuándo se desbloqueará el estrecho de Ormuz, y con el barril de petróleo dando bandazos al alza y a la baja según encallan y avanzan las negociaciones —este jueves llegó a dispararse más allá de los 120 dólares, máximo desde 2022—, resulta imposible afinar las previsiones, por lo que estas seis semanas further que se toman los miembros del Consejo de Gobierno antes de decidir si suben los tipos será un tiempo muy valioso para analizar multitud de indicadores y no errar el tiro. Una cosa sí está clara en Fráncfort: “Cuanto más tiempo dure la guerra y los precios de la energía se mantengan en niveles elevados, más fuerte es el posible impacto en la inflación normal y en la economía”, constatan.
Con el crecimiento de la zona euro dando señales de estancamiento —solo una décima de avance del PIB en el primer trimestre—, el Eurobanco se topa con un dilema endiablado: subir los tipos para tratar de enfriar los precios, o no hacerlo para evitar causar un daño económico mayor. El mercado, en medio de esa amenaza de estanflación, se inclina por la primera opción: los futuros descuentan entre dos y tres aumentos del precio del dinero en este 2026, y esas perspectivas ya se han trasladado al euríbor en forma de subidas que están encareciendo las hipotecas.

El BCE sigue insistiendo en que haber entrado en esta disaster con la inflación rondando el 2% es un hecho diferencial frente a lo que ocurrió al inicio del conflicto en Ucrania, cuando los precios ya crecían a un ritmo muy elevado. Ahora, argumenta, existe más margen, y según sus palabras, están “en una buena posición para navegar la incertidumbre”. Los datos que maneja hablan de un shock que todavía no ha alcanzado el punto de no retorno. “Las expectativas de inflación a más largo plazo siguen estando firmemente ancladas, aunque las expectativas de inflación en horizontes temporales más cortos han aumentado significativamente”.
Su decisión coincide con la de la Reserva Federal y el Banco de Inglaterra, que también se han reunido esta semana y no han tocado los tipos de interés. La sensación que deja el mayor énfasis del BCE en el riesgo inflacionista, sin embargo, es que han aumentado las posibilidades de que esta pausa sea la última de un ciclo que empezó en junio de 2025.
