Los campos de inspiración de Kapwani Kiwanga van desde lo más inmenso, como las placas tectónicas que motivan la serie Estudios de la subducción (2015-2018), hasta lo más recóndito, leáse los bolsillos de Joan Miró, donde el artista guardaba siempre una algarroba, un detalle que motiva la serie textil Capacidad de carga. Esta es una de las novedades que Kiwanga ha creado para la Fundación Miró, donde aterriza por primera vez -también en España- con la exposición Estados cambiantes, una mirada a los últimos diez años de su trabajo abstracto y conceptual, que se podrá ver hasta el 13 de septiembre. La artista ganó el Premio Joan Miró 2025 en su novena edición.
Con visión international y atención al pormenor, Kiwanga, artista multidisciplinar francocanadiense ha traído a Barcelona obras representativas de su carrera, críticas con los imperialismos de todos los tiempos, mientras que ha diseñado otras tres para la ocasión, que nacen tras estudiar la obra de Miró, y una de ellas parte de la obsesión del pintor catalán por los bolsillos. Cuando se hacía los trajes, el artista pedía al sastre siempre un bolsillo additional, el que debía resguardar una algarroba, que le acompañaba a modo de talismán en sus viajes. Parece que le llevaba de vuelta a su tierra, por su olor y su textura, especialmente a Mont-roig del Camp (Tarragona), su rincón rural de sanación.
Concibiendo la acción de llevarse la mano al bolsillo como un gesto de cobijo, la artista traslada la experiencia a la arquitectura entendiéndola como un ademán de regresar al hogar, con la misma meticulosidad que Miró encargaba sus vestidos a medida, según ha contado Kiwanga en un recorrido por la exposición, de una abstracción fascinante. En esta serie, Kiwanga utiliza retales de pantalones y americanas para crear piezas coloridas y con distintas formas que pueden llegar a recordar esos refugios que todos necesitamos.
La exposición es un viaje por el comprometido mundo de Kiwanga (Hamilton, Canadá), antropóloga de formación, que rastrea el impacto de las asimetrias de poder desde un punto de vista histórico dándoles un enfoque muy contemporáneo. Sus creaciones, que parten de investigaciones propias, se sirven de materiales primarios, como las rocas que fotografía y presenta superpuestas en la última sala, para abrir la perspectiva del tiempo geológico que acabó separando España de Marruecos por el estrecho de Gibraltar. El objetivo es llegar a resultados mucho más etéreos, que pueden llevar al espectador a reflexiones profundas. En la Miró, este recorrido se ha planteado en constante diálogo con la jefa de exposiciones, Martina Millà.
El planteamiento de partida es muy explícito en la primera sala, cuando recibe al visitante Campo elíptico, donde se despliega una pared colgante de sisal, la fibra de ágave originaria del sur de México que descubrió en un viaje a Tanzania, un país donde se ha cultivado cambiando su propio paisaje. Con otras dos estructuras de steel con este humilde materials colgando, se adentra en la repercusión del traslado de cultivos entre continentes. Las relaciones entre la materia, los territorios y quienes los dominan forman parte de su cometido.

Siguiendo estas transacciones en auge vinculadas al colonialismo y en el desarrollo de oficios artesanos para explotarlos a gran escala, se presentan obras que muestran el perfeccionamiento gradual de la cerámica, como Fuego y Barbecho. En otra sala también figuran Canopio y Orbe (2023), composiciones de cerámica tomadas por colores vivos como el verde y el naranja, con cuerdas, perfil metálico y un marco de madera.
Las grandes extensiones de conreo se exploran con composiciones geométricas abstractas de tonalidades habituales de las telas de sombreo, esas que se usan para cambiar las condiciones meteorológicas de los cultivos para rentabilizar su producción. Con estas mallas crea evocadores entornos artificiales que cuestionan las fricciones provocadas por los humanos en la tierra, como el de la Hora azul (2023).
En Medidas blandas (2018), Kiwanga combina telas rayadas, parcialmente tintadas, con piezas de granito pulido, que hacen referencia a la teoria de Pangea, la gran masa de tierra que formaba hace miles de años un único continente. La rigidez y la flexibilidad se encuentran en estas piezas que se presentaron en el Tramway, el Pageant Internacional de Glasgow. A lo largo de su carrera, ha participado en diferentes exposiciones desde que debutó en el Jeu de Paume de París en 2014, como el Copenhagen Modern, el New Museum de Nueva York, la Haus der Kunst de Munich o el Moody Heart Fot the Arts de Houston.

El management de la extracción de recursos y su estrecha relación con los sistemas de vigilancia son pasto de Celosía (2018), una escultura voluminosa que duplicate una mampara doméstica con lamas de espejos unidireccionales. Aunque la base es un elemento decorativo asociado a la arquitectura colonial, la pieza destila políticas de management mediante el uso de la luz, prácticas que forman parte de sus investigaciones.
A grandes rasgos, se trata de una exposición muy visible, con un vocabulario estético muy private, donde el equilibrio entre formas, colores y materiales desemboca en una experiencia de gran belleza. Despertar preguntas sobre el devenir del mundo está en la base del trabajo de Kiwanga, pero ofrecer diferentes estratos de lectura también. “Intento hacer obras con muchas capas, de forma que personas muy diferentes encuentren la manera de entrar”, cube, consciente de que a primera vista pueden parecer sencillas, pero que conceptualmente son tan complejas como cada individuo. En lo más profundo subyace la posibilidad de imaginar otras formas de encarar el futuro.
Más allá de la muestra
A partir de esta exposición, la Fundación Miró ha desarrollado una programación pública y social que amplia y contextualiza las líneas de trabajo de Estados cambiantes. El ciclo de conversaciones, efficiency y poesía Sol, polvo, espanto y ritmo es una de las actividades; otra el espacio de mediación Tu voz te protegerá, una sala que funciona como colofón del recorrido donde los visitantes pueden descansar la vista y la mente para dejarse llevar con las palabras de confort que ellos mismos graban. Allí también se pueden ver los trabajos de la escuela Pau Sans de L’Hospitalet de Llobregat que, junto a Maguette Dieng, han creado pequeñas obras, sus refugios a medida.

