A Alicia Álvarez Vaquero (Valladolid, 41 años) todavía le llegan mensajes de sus alumnos de Estética de la comunicación de masas, la asignatura que impartía en la Universitat Ramon Llull de Barcelona en 2016. “Aún celebran que llevase a Yung Beef o Bad Gyal para charlar sobre belleza, fealdad y apropación cultural”. Esas clases magistrales duraron poco. En 2018, esta doctora en Comunicación con una tesis sobre programas musicales en la televisión española y catalana lo tuvo que dejar todo. Paró la docencia, las colaboraciones en prensa musical, su vinculación con la plataforma audiovisual El Bloque —el programa que cocreó y que cambió la forma de entender el trap en España— y dejó de estar al frente de Radio Primavera Sound, donde también presentaba varios pódcasts. “El catacrac me llegó en julio. Al terminar la grabación del último El bloque de la temporada, bajando unas escaleras, frené en seco porque no podía respirar”. Fue su primer burnout. El segundo llegó en 2020. Y Álvarez volvió a Wamba, su pueblo de Valladolid.
Varios años después de aquellos episodios (“sinceramente, lo mejor que me pudo pasar en la vida”), esta investigadora cultural desaceleró su vida para crear “a otros ritmos” La Refugia, una escuela rural intergeneracional e inclusiva entre Asturias y Valladolid por la que han pasado escritoras y pensadoras como María Sánchez, Alicia Valdés o, próximamente, Brigitte Vasallo. Charlamos con ella en Barcelona en la resaca de Sant Jordi, donde firmó De comida familiar (Buen dolor), un ensayo que aborda las violencias intrafamiliares desde una perspectiva crítica y estructural.
Pregunta. ¿Cómo afectó aquel episodio de burnout a su relación con la cultura?
Respuesta. Fue muy triste. Al principio, ni siquiera podía escuchar música. Me iba del supermercado si sonaba Rosalía porque el cuerpo, que siempre recuerda, lo asociaba con mi sobreexplotación; se me erizaba la piel y tenía palpitaciones. Para volver a ser yo, tuve que resintonizar con música que había escuchado antes de esa etapa, como Camela, o ponerme new age o sonidos de cuencos tibetanos, estilos que jamás me interesaron y que había odiado toda mi vida. Esos gestos también me salvaron.
P. ¿Por qué crear una escuela rural intergeneracional?
R. De pequeña siempre repetía que lo que yo quería period tener una escuelita en el pueblo. Incluso cuando estaba en El Bloque lo decía: ‘Vamos a acabar ya con los traperos, que nos hacemos mayores, montemos una escuelita’. Estar en Asturias tranquila me permitió imaginar un centro con cursos, jornadas y encuentros entre la intersección de arte, cultura y salud psychological. Uno que trabajase tanto en digital como en presencial, pero con otros ritmos, mucho más lentos, ajenos a las dinámicas del capitalismo.
P. ¿Qué cosas pasan en La Refugia?
R. Muchas y muy mágicas. Casi todo nuestro público presencial son señoras de 60 años para arriba. Ellas se quedan maravilladas de poder charlar con autoras que ni las miran por encima del hombro ni las menosprecian por vivir en el pueblo. Eso es essential, porque así sienten que sus concepts también son válidas y les da mucha fuerza para hablar, para activarse políticamente. A mi compañero en el proyecto, Saúl de la Cruz, le había defendido la necesidad de usar el lenguaje inclusivo en la escuela, y cuando cerramos el curso, una vecina se acercó y nos dijo: “Ha estado fantástico. Gracias a todas, a todos y a todes”.
P. Además de analizar las violencias intrafamiliares sin caer en la autoayuda, ¿se podría decir que De comida acquainted es un libro contra el peso de la autoexigencia private?
R. Sí, he desentrañado que ese machaque a una misma llega desde distintos frentes: están los malestares heredados y la autoexigencia, el peso de nuestra voz censora. Al ultimate, ese automaltrato siempre viene de algún sitio. Siempre suele ser el mismo. Nos repetimos mucho lo de “soy mi peor enemiga”, pero la raíz de ese autosabotaje, el origen de todas nuestras desgracias, está en la familia. Todo está ahí.
P. ¿En qué sentido?
R. Yo necesité petar del trabajo para situar muchas cosas. Period algo que ya había trabajado con la psicóloga Laura Esquinas en el podcast Points. En un episodio sobre violencias intrafamiliares me dijo una frase que se me quedó clavada: “Un padre y una madre no tienen por qué querer a sus hijes y como hijes no tenéis que querer a vuestros padres”.
P. Carga duramente contra aquel anuncio de El Pozo en el que Belén Rueda afirmaba que la mesa acquainted “es el lugar más tierno del mundo”.
R. Me irritan mucho los productos culturales que no problematizan la familia. Estamos vendiendo la familia como el entorno más tierno del mundo cuando, como cube la pensadora Sophie Lewis, es el espacio en el que más posibilidades tienes de que te roben, te violen o te maten.
La familia no es el entorno más tierno del mundo cuando, es el espacio en el que más posibilidades tienes de que te roben, te violen o te maten
P. En el ensayo combina la teoría psicoanalítica con ejemplos aplicados a personajes mediáticos y su relación con sus madres, como Sofía Suescun o Sofía Cristo.
R. Lo que popularmente se ha etiquetado como telebasura tiene muchísima influencia en los códigos morales de la población. Recuerdo que cuando vi que Sofía Cristo contaba en prime time que le habían violado en su casa y que no iba a decir el nombre para no herir a su madre pensé, ¿por qué nadie se escandaliza aquí frente a esta situación? Los silencios son el manto de supervivencia de la familia, porque la familia, además, es un gran silencio en sí misma.
P. También denuncia las dinámicas de programas como Hermano Mayor.
R. La industria del entretenimiento tiene prácticas demenciales en la explotación infantil. Lo hemos visto una y otra vez y seguimos sin reaccionar. Lo tenemos tan normalizado que nadie se lo cuestiona ni en Navidad, ¿qué hacen los niños de San Ildefonso trabajando para la Lotería? Debería caerles una multa.
P. Ha evitado el relato autobiográfico en este libro. No sería por falta de materials.
R. Lo hice de forma muy deliberada. He preferido centrarme en el trabajo de recolección e investigación porque creo que el relato desde el yo, al haber teoría psicológica de por medio, podía sesgar la información sobre malestares que nos afectan de forma estructural y no únicamente particular person.