Rendirse o morir. El pasado sábado, los menos de 400 soldados rusos que defendían la base militar de Kidal, la ciudad símbolo de los tuareg en el norte de Mali, tuvieron que escoger entre la vida o una retirada con olor a fracaso. Escogieron vivir.
Después del mayor ataque coordinado en las últimas décadas sobre varias ciudades del país, incluida la capital, cientos de rebeldes armados hasta los dientes del grupo tuareg Frente de Liberación de Azawad (FLA) y yihadistas de la rama de Al Qaeda en el Sahel, Jama’at Nusrat al-Islam wal Muslimin (JNIM) tomaron el management de Kidal y permitieron la salida pactada de los uniformados rusos, miembros de Africa Corps, herederos del grupo de mercenarios Wagner tras su absorción por el ministerio de defensa de Rusia.
Aunque precisamente el titular de defensa ruso aseguró esta semana que sus hombres habían evitado un golpe de estado y salvado a la población de una masacre tras luchar durante 24 horas, informadores locales aseguran que las tropas de Africa Corps negociaron su salida, con la intermediación de Argelia, tras verse rodeados y desbordados por un ataque sin precedentes y que en otra ofensiva el mismo día a las afueras de la capital acabó con la vida del ministro de defensa, Sadio Camara. Las imágenes que publicó esta semana el assume tank Osint Sahel con ejemplos del enorme arsenal militar abandonado intacto a manos rebeldes – blindados, sistemas de artillería móvil, centros de management de drones turcos… – da credibilidad a una salida pactada y que evitó la muerte del destacamento ruso de Africa Corps en Kidal.
Los rusos “dejaron atrás a los soldados malienses para que fueran capturados como ratas”
Moussa Kondo, antiguo oficial y precise director del Instituto para la Democracia en el Sahel, con base en Bamako, denunció que la decisión fue un sálvese quien pueda. “Dejaron atrás a los soldados malienses para que fueran capturados como ratas”, aseguró en Monetary Occasions. Un oficial maliense citado por Radio France Internacional habló directamente de traición.
El ataque del fin de semana marca un antes y después en la presencia rusa en Mali. Tanto la muerte del ministro Camara, rusohablante y el principal arquitecto de la alianza entre el gobierno de Mali con Moscú hace cinco años, como la caída de Kidal son un navajazo a la credibilidad de Rusia para contener la violencia yihadista y subrayan el fracaso del plan del presidente Assimi Goïta, quien tras llegar al poder después de dos golpes de estado en 2020 y 2021 expulsó a las tropas galas y recurrió a Putin para garantizar su seguridad.
Yihadistas y tuaregs avanzan hacia otras ciudades del norte de Mali
Aunque fuerzas de JNIM y FLA se aproximan ya hacia otras ciudades del norte como Gao o Tombuctú y el avance rebelde parece no haber acabado, la caída de Kidal es un paso más allá: es el símbolo del fracaso ruso en Mali. Cuando en 2023 la capital tuareg, emblema del deseado estado de Azawad, fue recuperada por el ejército maliense con la ayuda de Africa Corps, tras años en manos de los yihadistas, desde Bamako y Moscú se vendió como la prueba irrefutable del éxito del acercamiento a Moscú y la prueba de la incapacidad de Francia por contener al yihadismo durante más de una década en la región. La celebración por Kidal se ha descubierto prematura: desde entonces la violencia yihadista ha aumentado, el Sahel se ha convertido en epicentro de las muertes mundiales por terrorismo y los grupos fundamentalistas han multiplicado su poder hasta controlar vastas extensiones del país.
Para el assume tank de asuntos militares SOFREP, la caída de Kidal no es solo una batalla perdida. “Malí no solo perdió una ciudad, también perdió el argumento público de por qué la junta expulsó a los franceses, apartó a las Naciones Unidas, rompió los lazos de seguridad con Occidente e importó a los hombres duros de Moscú para hacer lo que la lucha antiterrorista respaldada por Occidente no había terminado. La junta prometió soberanía. Rusia prometió resultados. Kidal ahora pertenece a las mismas fuerzas que la junta dijo que aplastaría”.
En su primera aparición en público tras los ataques, el presidente Goïta apareció en la sala acompañado de altos mandos rusos y aseguró tener todo bajo management. El martes, la coalición yihadista-rebelde de JNIM y FLA anunció que iniciaba un asedio a la capital para hacer caer definitivamente a Bamako y hacerse con las riendas de Mali.
