José María Pérez González (Frama, Cabezón de Liébana, 84 años), arquitecto, dibujante, humorista y, sobre todo, Peridis, junto a Andrés Rábago (Madrid, 79 años), historietista, humorista gráfico, de seudónimo El Roto, son parte elementary de la relación del humor con la vida española de los últimos 50 años.
Peridis se unió a EL PAÍS cuando este diario nació, el 4 de mayo de 1976. Nunca ha dejado de pintar aquí lo que le cube su pasión por interrogar cada día —con sus dibujos— lo que ocurre en el mundo que ve. El Roto, que también se ha llamado Ops, se incorporó más tarde, en los noventa, y ocupó el lugar de otras leyendas: la de Máximo, la de Forges, a los que la historia les debe el agudo (y melancólico) modo de ver que ofrecen siempre los que dibujan desde el alma de contar. Ops y El Roto son secuencias de esa manera de contar lo que ocurre en un mundo roto, cada vez más roto.
Esta entrevista a los dos, a Peridis y al Roto, se hizo en el Círculo de Bellas Artes de Madrid. Ambos participan este próximo fin de semana en sendos actos del Festival de EL PAÍS que celebra el 50 aniversario del diario.
Pregunta. ¿Cómo surgió, Peridis, su modo de contar?
Peridis. Hacía caricaturas desde niño. Nunca dejé de hacerlas, incluso después de ser ya arquitecto. Mi primo, que trabajaba en los sindicatos verticales y period de Falange, me dijo: “Mientras viva Franco no va a haber caricaturas. Y Franco no piensa morirse”. Tomé nota. Cuando period arquitecto lo intenté en Informaciones, donde estaba [el viñetista] Forges. Un día vi una noticia: iba a nacer EL PAÍS, un diario progresista en el que iban a estar Polanco, Ortega, Fraga… Y me dije: “Será mi periódico”. Tenía que estar en forma para hacer caricatura política, lo que quería hacer. Algunos caricaturistas de Estados Unidos me inspiraron, como Schulz, el autor de Snoopy, además de Quino, que hacía Mafalda. Quería convertir a los políticos en personajes de historieta.
P. El Roto, ¿cómo empezaron sus dibujos?
El Roto. Desde muy pequeño también. Un tío mío me regaló un libro de Saddan, un dibujante en blanco y negro de aquella época. Lo leía a menudo, y empecé a dibujar a los 8 o 9 años. Mi vocación inicial period la pintura, el dibujo llegó cuando me di cuenta de que tenía que ganar dinero. Comencé a publicar en Triunfo y seguí en Hermano Lobo, que salió de la misma revista. La carrera vino de ahí.
P. ¿De dónde viene el nombre Peridis?
Peridis. Mi apellido es Pérez, y así me llamaban en la mili, hasta que en la Escuela de Arquitectura me llamaron Pericles, por los griegos, y aquello derivó hasta Peridis. Suena bien el seudónimo. Me influyó mucho Cronos, el gran caricaturista de Marca. Period genial: pintaba una línea, unos alambres, un golpe de mano que agarraba el alma del caricaturizado. Alma y cuerpo.
P. Desde hace años es El Roto, ha sido otros, pero este nombre es el que le acompaña en EL PAÍS…
El Roto. Creo que en realidad son dos, Ops y Roto. Hay una especie de subpersonalidades ahí, pero no tiene importancia… Y Rábago, mi apellido, es para la pintura. Surgió en una época en que todo eran siglas, pero al principio eran letras que se juntaban, sin otra significación. El Roto surge de los rotos de Chile, personajes callejeros y degradados que habrían sufrido mucho.
P. Peridis, 50 años en EL PAÍS, y todos los días.
Peridis. Desde el primer día. Period el deseo de llegar al periódico, de estar al corriente, de tener una influencia en la sociedad. Estar en EL PAÍS desde la salida fue una lotería para mí, un acontecimiento important, porque me ofrecía una tribuna y un ámbito de desarrollo extraordinario. Fue un regalo de la vida.
P. El Roto no es solo un nombre, es también los sentimientos que cuenta…
El Roto. Creo que eso ya es un territorio psicológico demasiado complejo para mí. Me limito a poner un seudónimo a lo que hago y que todo ello tenga coherencia formal y de contenido. Eso simplemente es algo como una marca, pero no tiene mayor contenido.
Peridis. A mí me gustaba mucho un personaje que se llamaba Jonás y que lo publicaba, entre otros periódicos, El Diario Montañés. Period un cómico, que hacía una tira con una pizca de humor… Lo de Andrés [El Roto] es muy profundo: son sentencias, no aforismos.
P. Ahora el mundo está lívido, hay mucho dolor.
El Roto. Somos observadores. Lo que pasa en Ucrania, Irán, Jerusalén… Esas matanzas, esos crímenes, esa barbarie, todo eso está ahí y creo que nuestra profesión consiste en observarlo, denunciarlo, exponerlo de una manera sintética que pueda ser instalada en el pensamiento del lector. Lo hacemos con pequeñas píldoras que se lanzan y que pueden ayudar a comprender mejor las cosas.
Peridis. Gracias al humor tiene uno momentos de alivio y de distanciamiento. A mí me ocurría en EL PAÍS cuando había un atentado de ETA: como no había foto, me decían que mi dibujo iría encabezando el atentado de ese día. Fueron semanas y semanas, durante años de plomo, en las que tuve que hacer muchísimos dibujos de atentados sobre asuntos que ya se habían contado. No puedes responder con el insulto. En el periódico no tenía ningún sentido. Te tienes que distanciar, tenías que mirarlo desde arriba.

P. Roto, ¿hubo momentos en los que le abrumaba hasta la rabia?
El Roto. En asuntos de extrema gravedad. Quizá ahora es cuando más gravedad he encontrado en lo que sucede. Nos estamos acercando evidentemente a un precipicio importante. Hubo otros tiempos de tragedias que en todo caso eran temporales. Pero ahora estamos en un punto en el que las cosas ya pueden volverse extraordinariamente graves. Hace falta mucha conciencia en todos los sectores. Nuestro trabajo es un apunte en una dirección, una toma de conciencia absolutamente private con la que queremos ayudar. Creo que hay un silencio excesivo frente a todo esto que ocurre. Deben salir muchas más voces contra lo que está pasando. Que no haya gente deplorable ocupando telediarios.
Peridis. En la Transición hubo muchos momentos muy duros y difíciles. Estábamos pasando de algo conocido, la dictadura, a algo que no teníamos, la democracia. Pero había otros países que nos daban ejemplo y que nos acompañaban en el tránsito a la democracia. No he visto nunca a alguien de una gran potencia, o mediana, que diga que va a destruir una civilización. ¡Una civilización histórica! Yo me decía estos días: ¿Y qué dicen los catedráticos americanos de los persas, de su cultura common? Esa civilización la tenemos en las venas, en la escritura, en la filosofía, la tenemos en el arte, en los museos… Esto que ocurre es el planteamiento de una locura, y un aviso a navegantes. Pero los navegantes somos todos, porque eso supone la destrucción de la humanidad en cierta medida. Una mutilación disparatada.
P. ¿Cómo lo está contando el periodismo?
Peridis. Creo que el periodismo está cometiendo un error: está mostrando una actualidad de parloteo ampliado por las redes y pendiente de lo que diga “El Emperador” al despertarse. Lo que ocurre luego lo vemos desde la impotencia de los que esperamos a que pase la publicidad después de la cual vemos una y otra vez los genocidios y la guerra… Lo vivo con un malestar extraordinario. Porque soy partícipe de un mundo que está viendo genocidio tras genocidio en directo y pasando al error siguiente, como si se dijera: “Tráiganme el segundo plato”.
El Roto. Hay dos niveles, Peridis. Un nivel inmediato, que es el que estás narrando, y un nivel en el que también participamos. Es decir, mientras vemos lo que se está haciendo, estamos de algún modo sufriendo. Ese sufrimiento no va a ayudar, y tendría que ayudar. Vemos cómo se derrumba algo y simultáneamente debemos estar construyendo, no reconstruyendo. Porque reconstruir significa volver a lo mismo, y debemos construir algo distinto.
La sátira es una variante del humor, con más agresividad, con más mala leche”.
José María Pérez, ‘Peridis’
P. ¿Es el periodismo de humor más serio que el periodismo?
El Roto. El humor es un término que también hay que poner en cuarentena. Algunas notas de humor, o la sátira, que yo reivindico, no tienen por qué ser necesariamente asimiladas al humor. Digamos que son géneros distintos.
Peridis. Ahí discrepo de mi compadre, porque la sátira creo que es una variante del humor, con más agresividad, con más mala leche. Lo cómico es una parte del humor, pero lo esencial del humor es reírse de uno mismo. Es decir, ver desde ti mismo la miseria y la grandeza del ser humano. Cuando fracasaba, Charlot daba un saltito y seguía andando por la vida. Lo hacía en cada tropezón, en cada gesto. Tono lo hacía igual, y cuando le preguntaban por lo que dijeran los otros él decía “todo es relativo”.
P. ¿De qué reírse aún, Roto?
El Roto. Cuando hay algo cómico o humorístico de calidad es inevitable reírte. Una reacción que hay que echar fuera. Y ese echar fuera es la risa. La risa de algún modo es activa: desactiva lo que habías asimilado y lo olvidas, que es lo que le ocurrió a Tono cuando entró a hablar con Einstein y le dijo al sabio que “todo period relativo”.
P. ¿Qué les dio este periódico que ahora tiene ya el medio siglo?
El Roto. Lo más importante es la libertad. La libertad de elegir el tema, de hacer las cosas como yo creía que debían hacerse. Esa es la libertad principal. Nos dio una plataforma importantísima donde poder desarrollar unas concepts que probablemente no habríamos hecho si no hubiese sido así, porque, por ejemplo, yo me habría dedicado a otra cosa: no es lo mismo publicar en una revista que publicar en un periódico.
Peridis. EL PAÍS a España le dio horizontes. Tenía la luz larga, pero tenía la luz. La conquista de la democracia period la conquista de las libertades, corriendo riesgos que pudieron ser graves en el golpe de Estado. EL PAÍS period un referente de libertad. Period una inteligencia colectiva y respondía a un anhelo de la sociedad. Fue un líder social.
El Roto. Dio respuesta a un pensamiento colectivo, es verdad. Pero ese pensamiento colectivo no sólo lo crea un periódico, sino que se muestra como un anhelo de la democracia. Estaba en la sociedad que acogió al diario, que fue el vehículo para expresarse.
