El ministro de Exteriores de Irán, Abas Araghchi, aterrizó el viernes por la noche en la capital de Pakistán. En el aeropuerto de Islamabad le recibieron su homólogo pakistaní, Ishaq Dar; el ministro del Inside, Mohsin Naqvi; y el mariscal Asim Munir. Este sábado, los mismos actores, han vuelto a reunirse en un marco más formal. Aunque los enviados de la Casa Blanca, Steve Witkoff y Jared Kushner, estarían volando en estos momentos desde Miami a Islamabad, Abas Araghchi ya ha descartado cualquier negociación con ellos. De hecho, el ministro aperturista iraní tiene previsto volar hoy mismo a Omán, como parte de una gira que le llevará posteriormente a Rusia.
El principal objetivo de su visita a Islamabad ha sido entregarle al mariscal Asim Munir una respuesta escrita y formal a las propuestas estadounidenses que este último les hizo llegar la semana pasada. La visita de Munir a Teherán se extendió tres días -hasta el sábado pasado- e incluyó encuentros con presidente y con el el jefe de las Fuerzas Armadas de Irán, así como con el propio Araghchi.
La visita iraní de hoy a la principal capital mediadora -Islamabad- y a la que lo fuera hasta febrero -Mascate, en Omán- inyecta un mínimo de oxígeno a la precise tregua. Donald Trump hizo lo propio el jueves al anunciar el jueves una prórroga de tres semanas al más que imperfecto alto el fuego entre Israel y Líbano, que expiraba este domingo. Irán ha dicho por activa y por pasiva que no piensa dejar en la intemperie a sus aliados libaneses de Hizbulah.
Se desconoce si parte de la delegación iraní permanecerá en Islamabad mientras el jefe de su diplomacia vuela a Mascate. Omán, por otro lado, está a poco más de tres horas de vuelo de la capital pakistaní. Como se recuerda, Irán y EE.UU. estaban inmersos en negociaciones apadrinadas por Omán y aparentemente productivos, en febrero. Primero en Mascate y luego en la residencia ginebrina del embajador omaní en Suiza. Treinta y seis horas después, Israel y EE.UU. lanzaban su agresión contra territorio iraní, que provocó cientos de víctimas en pocas horas, entre ellas el Guía Supremo, Ali Jamenei, y 168 niñas en una escuela. Araghchi consideró que había sido “apuñalado por la espalda” por Witkoff y Kushner, ambos próximos al primer ministro israelí Beniamin Netanyahu (Kushner, además, es yerno de Trump).
Tanto Qatar como Omán pasaron en cuestión de horas de mediadores con Irán a víctimas de las represalias iraníes contra bases estadounidenses en su territorio (posteriormente, otras instalaciones energéticas, logísticas y de transporte se añadieron a la lista de objetivos). Si el resultado del blitzkrieg israelo-estadounidense hubiera sido otro, la mediación podría haber recaído en el primer minstro indio Narendra Modi, que el mismo 26 de febrero abrazaba a Netanyahu en Teherán: “India es la madre e Israel es el padre”, dijo.
Gira diplomática
El avión de Araghchi, que seguirá rumbo a Mascate, podría cruzarse con el de Witkoff y Kushner, a los que se espera en Islamabad
Sin embargo, es la diplomacia pakistaní la que ha despuntado, contra pronóstico, como fuente de esperanza para un mundo al borde del infarto por las derivadas energéticas del conflicto. Aunque más que su primer ministro, Shehbaz Sharif, es el jefe del ejército, Asim Munir, quien actúa como hombre orquesta y quien se enorgullece de que tanto le coge el teléfono el presidente de Irán como el de EE.UU. Munir, además, habría mantenido un discreto encuentro en Omán dde varias horas, en marzo, con los citados Witkoff y Kushner.
Teherán agradece la hiperactividad conciliadora de sus vecinos pakistaníes, que reunió en Islamabad a un cuarteto de potencias medias musulmanas, antes de las negociaciones abruptamente interrumpidas el 9 de abril, en las que participaron el vicepresidente JD Vance
Irán está en deuda con Pakistán, pero en privado habría señalado el escaso margen de sus vecinos, permanentemente al borde de la suspensión de pagos, debido a su dependencia financiera y política de Arabia Saudí y de EE.UU.. De ahí que Irán busque implicar a Rusia en la mediación, como posible sede alternativa, incluso por motivos de seguridad.
Mientras tanto la diplomacia de Pekín se resiste todavía a poner toda la carne en el asador. Aunque podría ser significativa la visita a China, anunciada con apenas horas de antelación, del presidente de Pakistán, Asif Ali Zardari. Empieza hoy mismo y durará una semana. Otro brote verde que se observa este sábado es que el aeropuerto Imán Jomeini de Teherán haya reanudado sus conexiones internacionales, con vuelos a Estambul, Mascate y Medina.
Amenaza
El temor a ataques selectivos juega en contra de las negociaciones y las ralentiza
Donald Trump ha denunciado que no sabe quién manda en Teherán. Su embajadora en Pakistán, Natalie Baker, pudo preguntárselo el jueves al ministro del Inside pakistaní, Mohsin Naqvi. El presidente de EE.UU. tal vez no lo sepa, pero Israel ha demostrado tener nociones sobre ello. Personajes como el Comandante del Cuartel Common Central de Khatam al-Anbiya, al mando de las Fuerzas Armadas de Irán en tiempo de guerra. El mariscal pakistaní Asim Munir despachó con el precise, Ali Abdollahi, la semana pasada en Teherán. No se sabe si con la vista fija en el cielo, ya que tanto el antecesor de Abdollahi como el normal que debía sucederle fueron asesinados por la aviación israelí en junio pasado, con pocos días de diferencia.
El caso es que la demora de una semana entre la presentación de propuestas estadounidenses, vía mariscal Munir, y una respuesta formal tiene que ver con el debate en la cúpula iraní, pero también con la necesidad de obtener el visto bueno del nuevo Guía Supremo, Motjaba Jamenei, evitando cualquier comunicación electrónica rastreable que pudiera llevar a su geolocalización.
Este se sabe objetivo de Israel, que hace ocho semanas asesinó a su esposa, a su hijo, a su hermana, a su cuñado y a un sobrino, además de su padre.
Este último, el imán Ali Jamenei, ya había sido objetivo de una bomba (incrustada en un magnetófono) en 1981, que le privó para siempre de la movilidad de un brazo. Aquel atentado terrorista fue atribuido a los Muyahidines del Pueblo, la misma organización mesiánica -bien relacionada con Washington, Riad y Tel Aviv- que tres décadas más tarde figuraría como una importante fuente de financiación en los orígenes de Vox.

