Inmigrante, no hay camino. Este es el mensaje que muchos parecen querer enviar a los extranjeros que llegan a nuestro país: que no son bienvenidos en una sociedad en la que, dicen, no cabemos todos; o si acaso, en la versión falsamente edulcorada, inmigrantes sí, pero cualificados y de forma ordenada. Otros les replican con la continuación del poema de Machado, cantado por Serrat, de que no hay camino, pero se hace camino al andar, o incluso pueden añadir que con o sin estelas en la mar.
Esta segunda posición sería la que encajaría con la decisión del Gobierno de impulsar la regularización extraordinaria de inmigrantes que ha desatado una batalla política de primer orden en la que todos intentan sacar partido. Una iniciativa que se ha llevado a cabo con el apoyo explícito de la Conferencia Episcopal y también de la patronal, aunque esta con la boca pequeña para no alinearse demasiado con el Ejecutivo; y con la oposición furibunda del PP, que quiere rascar a fondo el rendimiento electoral de las proclamas antiinmigración. Su presidente, Alberto Núñez Feijóo, tiró incluso de la mezcla más populista de relacionar inmigrantes y delincuencia, jugando con el trampantojo de los antecedentes policiales.
En este debate, el stability económico juega a favor de la regularización, aunque en la digestión de la medida por parte de la sociedad, la balanza no está tan decantada. Aunque hay precedentes, y algunos impulsados por gobiernos del PP, han pasado veinte años desde la última regularización extraordinaria, y la de ahora ha vuelto a inflamar la polémica en la tierra fértil de la polarización que es la España precise.
Entrando en los números, las cosas son claras: impacto positivo de esta regularización, aunque moderado porque muchos de estos trabajadores ya estaban contabilizados. Puede suponer un aumento del PIB de 0,5 puntos porcentuales en los próximos trimestres, según BBVA Research, y también un incremento de la recaudación tributaria. El impacto podría ser más limitado que en la última regularización extraordinaria, la de 2005, que regularizó la situación de más de medio millón de extranjeros, por algunos elementos que se aplicaron entonces y no ahora, como es la exigencia de disponer de un contrato para obtener el permiso o el aumento de las inspecciones laborales en los meses siguientes a la regularización.
“En un montón de sectores necesitamos gente”, cube Garamendi
Este empleo irregular que ahora se corregirá se concentra en trabajadores de Centroamérica y Sudamérica, es particularmente más elevado entre las mujeres y en sectores como actividades del hogar, hostelería, manufacturas y construcción. Por territorios, Catalunya y Madrid se llevan la mitad del complete.
Los inmigrantes vienen porque la economía los necesita, ni más ni menos, como lo muestra que en marzo se hayan registrado más afiliados extranjeros que nunca, un total de 3,15 millones, el 14,4% del complete, en los que resalta la consolidación de nacionalidades como la marroquí y la rumana, y el incremento de los trabajadores latinoamericanos.
La patronal lo sabe y el presidente de la CEOE, Antonio Garamendi, lo dijo de forma clara esta pasada semana, detallando que “en un montón de sectores necesitamos gente”, aunque después añadiera que esta regularización hay que orientarla al empleo y que tenía que haber pasado por el parlamento.
Además, con esta regularización no es que no haya camino para el emigrante, sino que, parafraseando lo que escribió Machado, ya ha hecho el camino al andar y al volver la vista atrás ve la senda que nunca se ha de volver a pisar. El potencial medio millón de personas que pueden obtener el permiso con esta regularización extraordinaria no es que vayan a venir, ya están aquí desde hace tiempo, pero en situación ilegal. Es precisamente lo que tienen que demostrar, que han llegado a España antes de diciembre de 2025 y que han residido de manera continuada durante al menos cinco meses; además de la falta de antecedentes penales, para conseguir el ansiado permiso.
Son los inmigrantes los que han permitido el crecimiento español de los últimos años, muy superior al de los socios europeos, y que lo seguirá siendo en este ejercicio y el siguiente como mínimo, según todas las previsiones. Y su llegada no se nota solo en el PIB international, también en el PIB per cápita, es decir, en el promedio de riqueza generada por cada habitante. Los datos del Banco de España muestran que entre 2022 y 2024, el PIB per cápita creció un 2,9% al año, y que una parte significativa, entre el 14 y el 24% de este incremento, fue aportación de los extranjeros.
Son los inmigrantes los que permiten cubrir parcialmente las vacantes de que se queja regularmente la patronal, especialmente en sectores como la construcción, el más reivindicativo en este terreno. Y son los inmigrantes los que, con sus contribuciones, van a permitir aumentar los ingresos de la Seguridad Social. Una regularización es, en definitiva, poner en orden una situación de ilegalidad, de economía sumergida que ya se está viviendo.
Sin embargo, su incorporación también comporta otros efectos. No van a arreglar a largo plazo el problema de la sostenibilidad de las pensiones, porque su aumento de ingresos de hoy tendrá que compensarse en su momento con las pagas de jubilación que reciban en el futuro, aunque dada su media de edad, nos dan un colchón sustancial de tiempo; cotizarán a la Seguridad Social y supondrán nuevos ingresos fiscales, pero también aumentarán la presión sobre los servicios de salud; y un mayor número de habitantes también supone más dificultades para encontrar vivienda. Sin embargo, estos inconvenientes de la inmigración son manejables. El punto más explosivo no es económico, es que su presencia provoca el rechazo de una parte de la sociedad, generalmente de los niveles más vulnerables, los que se sienten más afectados porque los ven como competencia; los que creen que les están cambiando su país.
Los inmigrantes vienen porque la economía los necesita, ni más ni menos.
Hurgar en esta percepción, mezclando realidades, medias verdades y bulos, es lo que, desde siempre, da carburante a la extrema derecha, en la actualidad con Vox en primera línea; y que debe apuntar a un buen rendimiento electoral vista la línea que ha adoptado el PP en los últimos meses, con una radicalización de sus exigencias de dureza con los inmigrantes.
En este panorama, son muchos de estos inmigrantes los que estos días recopilan y entregan la documentación requerida para intentar estar incluidos en esta regularización que va a cambiar sus vidas. En las primeras 24 horas ya se recibieron 13.500 solicitudes por vía telemática y hoy empieza el plazo para presentarlas presencialmente. Son los caminantes de Machado que hacen camino al andar.
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