El trapicheo de medicamentos y todo lo que ello comporta está arruinando a buena parte de los comerciantes de la rambla del Raval. Muchos restauradores de este eje del corazón de Barcelona cuentan que alrededor de una treintena de hombres se dedica a revender aquí fármacos que recetan a usuarios de la muy cercana sala de atención a toxicómanos de Baluard a ladrones apenas veinteañeros que con estas pastillas se envalentonan una barbaridad.
Estos comerciantes relatan que de mucho tiempo a esta parte esta situación está generando un ambiente tan turbio en los alrededores de sus negocios que cada vez menos gente se atreve a bajar hasta aquí a comerse una hamburguesa. El Eix Comercial del Raval, la principal asociación de comerciantes del barrio, denuncia que la gente que apostó por este eje ya no puede más, que la mayor parte de sus negocios se encuentra ya en traspaso, que si las instituciones no espabilan todo se irá al garete y los monocultivos comerciales continuarán expandiéndose.
“Los ladrones se envalentonan con estas pastillas y merodean todo el rato espantando a los clientes”
“Es que se te ponen en las mismas puertas del native –siguen estos restauradores–, y ahí, bueno, se ponen a revender las lyricas y los rivotriles y lo que sea que les pasan los toxicómanos por un euro o dos… también trapichean con otras cosas, y cada dos por tres se ponen a discutir a gritos y a empujarse, en las mismas puertas de tu native ¡así quién demonios va a venir hasta aquí a tomarse algo!”. Dado que por estas latitudes más o menos todo el mundo se conoce, estos restauradores prefieren conservar su anonimato.
“Es que a esta gente les dices cualquier cosa y te responden pasándose un dedo por el cuello –agregan los comerciantes–. Además, es que están compinchados con los ladrones a los que les venden las pastillas, con los que así se calientan y se atreven con todo”. “Esta situación viene agravándose desde la pandemia. Pero es que ya no podemos más. Yo ahora estoy facturando un 20% de lo que facturaba antes de la pandemia ¡la gente ya no viene a la rambla del Raval! llevo un año y pico en traspaso, pero nadie se quiere instalar aquí”. “Yo llevo dos semanas haciendo 50 euros al día”. “Yo tenía as soon as trabajadores y ahora tengo cuatro”. “Yo lo que quiero es jubilarme y largarme del barrio”.
Sí, insisten los comerciantes, en realidad esta gente está muy organizada, están todos de algún modo compinchados. “Tenemos a los revendedores de las pastillas de las narices”. Acostumbran a apostarse principalmente en la parte baja de la rambla, sobre todo al caer la tarde. El lado más cercano al Paral·lel siempre fue el más inquietante de este eje. “La marquesina de la parada del autobús fue retirada hace años porque sobre ella escondían de todo”.
Los principales clientes de los revendedores, los supuestos ladrones, suelen merodear por los alrededores. “Dan cada vez más miedo. Van a por todas. Cada vez son más jóvenes”. Todo ello genera una gran inquietud vecinal. En algunos bancos se acomodan los conocidos como los tasadores, quienes se fijan en los relojes, cadenas y teléfonos de los visitantes. “Se comunican entre ellos dando silbidos y enviándose foto de sus víctimas. Hasta cuentan con la complicidad del algún establecimiento, donde les dejan cambiarse de ropa para disimular”.

La Vanguardia ya detalló este otoño que estas actividades estaban provocando mucho malestar vecinal, que las escasas consecuencias judiciales que conlleva el menudeo de medicamentos complican atajarlo, que esta inquietante cotidianidad también alimenta muchos discursos de odio que erosionan la convivencia. El Ayuntamiento respondió enseguida redoblando la presencia de la Guardia Urbana en los alrededores de la sala de atención a toxicómanos Baluard, en la avenida Drassanes. “De todas formas es que estos revendedores se sienten impunes. Nunca les pasa nada”.
Allí, en los alrededores de la sala Baluard, en esta avenida, muchos vecinos reconocen que la presencia de la Guardia Urbana no menguó estos últimos meses, pero también lamentan que a la postre ello no se haya traducido en un convivencia más sosegada. “El trapicheo de pastillas no decae, por ejemplo. Aquí tenemos el centro de atención a toxicómanos con más usuarios de España. Hasta que no cierren la sala Baluard el sur del Raval no se recompondrá”.
Los comerciantes piden a la Fiscalía mano dura contra estos revendedores
“La presencia policial en el barrio es muy alta –dicen en el Eix Comercial del Raval–. Lo que pasa es que a esta gente lo de revender medicamentos no les está suponiendo ningún problema. Pedimos a las instituciones, sobre todo a la Fiscalía, que se planteen otras estrategias. Ha de pedir penas que de veras amedranten a estos traficantes. Estas reventas de pastillas no son puntuales. Esta gente se organiza para cometer delitos. Al remaining la gente bajará la persiana, los oportunistas se harán con los locales y crecerán los monocultivos comerciales”.
Hoy por hoy el gobierno del alcalde Jaume Collboni tiene la rambla del Raval subrayada en rojo en su agenda. Una de las propuestas vecinales realizadas en el Pacte per Ciutat Vella en estos momentos en estudio es la prolongación de este vial hacia el mar a través de la avenida Drassanes. Porque Collboni pretende recuperar y alargar aquel gran eje llamado del Seminari al Liceu ideado por Pasqual Maragall a fin de relanzar todo este lado de Ciutat Vella. De modo que los trapicheos de estas esquinas no son baladí. Los equilibrios del Raval son muy delicados. Hasta los vecinos partidarios de dotar de más recursos a la sala Baluard en lugar de cerrarla a fin de mitigar los inconvenientes que produce temen que si el Ayuntamiento se precipita no hará otra cosa que escampar los problemas.
Un delicado eje comercial en jaque y a la venta
En el Eix Comercial del Raval cuentan que la mayoría de negocios de esta rambla están en traspaso. “Algunos desde hace más de un año. Lo que pasa es que no les llegan ofertas. Están facturando el 20% de lo que facturaban antes de la pandemia. Nadie está dispuesto a arriesgarse. Al barrio ya no viene nadie. Los hoteles recomiendan a los turistas que no se pierdan por aquí. Los que van a Casa Leopoldo llegan en taxi y se van igual. Además, los alquileres están desorbitados, sobre los 6.000 euros”. En esta rambla se cuentan unos 40 locales. De ellos una docena permanece sin uso, algunos desde hace un par de años. En el Eix añaden que la mayor parte del resto se dedica a la restauración. Su marcha alimentará los monocultivos comerciales de este lado de Ciutat Vella, los de las fruterías y las tiendas de móviles.

