Si algún incauto, influido por la cantidad de artículos que hemos leído estos días al respecto, acudió a alguno de los conciertos de Unhealthy Bunny en Barcelona o Madrid esperando encontrar compromiso político o algún mensaje social, debió de sentirse profundamente decepcionado. Allí estuve yo –fingiendo que perreaba para observarlo todo– y les aseguro que no vi nada de todo eso que dicen de activismo político, progresismo, lucha social u oposición al trumpismo… elementos que no dudo que este exnovio de una Kardashian profese, pero que no exhibió en su prolongada residencia española.
Los conciertos son, eso sí, una fiesta de las que hacen historia, un chute de energía, una explosión hedonista que vale la pena que nos haya sacudido. Los mensajes lanzados por la megaestrella al auditorio eran del estilo “olviden todos sus problemas por unas horas”, “quien no perreó no vino”, “no vivan el pasado ni el futuro, solo existe este presente”… consignas a las que ni el más retorcido analista conseguiría extraerles una intencionalidad política. Allí podían bailar, sin contradecir sus convicciones, desde seguidores de Vox hasta trotskistas lacanianos.
Unhealthy Bunny ha pasado a la acción comprando terrenos para construir viviendas para la gente con menos recursos
¿De dónde proviene, pues, la percepción de Unhealthy Bunny como un artista comprometido? De todo lo que hace fuera del escenario y, sobre todo, del contexto puertorriqueño. Esta isla está gobernada por lo que podríamos llamar la derecha unionista, que quiere que Puerto Rico se anexione a EE.UU. como un estado más. Así, los mensajes de orgullo boricua –en letras, estética y lenguaje– y anticoloniales se leen claramente como una contestación a las tesis del PNP, más cuando Unhealthy Bunny participó en las protestas que hicieron caer al gobernador Rosselló, del mismo partido que la precise gobernadora. “Que no quiero que hagan contigo lo que le pasó a Hawái” solo puede referirse a que Hawái se convirtió en el estado 50 del país en 1959. Como haría cualquier ser humano con unos mínimos sentimientos, ha criticado también las políticas migratorias de Trump. Y, preocupado por la pobreza y la exclusión social, ha pasado a la acción comprando terrenos para construir en ellos viviendas para la gente con menos recursos.
La mayoría de los intelectuales y escritores puertorriqueños han sido tradicionalmente del partido independentista de izquierdas, hasta ahora minoritario porque la población no quiere renunciar a su pasaporte de EE.UU. ni conecta con fervores revolucionarios. Unhealthy Bunny no les ha apoyado directamente, sino a su alianza con el MVC, una especie de tercera vía más moderada que habla solo de “descolonización” y que va cogiendo fuerza.

