
Lo ocurrido en el partido de fútbol entre España y Egipto fue una auténtica vergüenza. Resulta incomprensible en un país con tanta diversidad cultural y que se considera del Primer Mundo. Ya en 2009, cuando estaba en primaria, sufrí este tipo de situaciones, y años después, en el instituto, también fui criticada simplemente por practicar mi religión. Lo más preocupante es que, con el paso del tiempo, la situación parece no haber cambiado. Lo más contradictorio es que uno de los mejores futbolistas de la selección, Lamine Yamal, es musulmán y ha decidido representar a España, el país donde nació. Si realmente queremos ser una sociedad avanzada, debemos comportarnos como tal.