El presidente Bola Tinubu desplegó al Ejército en el estado de Kwara tras la masacre perpetrada por presuntos yihadistas que dejó 162 personas muertas. Se trata del ataque más mortífero en lo que va del año y se enmarca en una espiral de violencia que involucra desde los conflictos entre las milicias étnicas hasta las tensiones derivadas de la minería ilegal.
Nigeria vuelve a estar de luto tras una de las peores masacres que tiene registro. Un ataque llevado a cabo por presuntos yihadistas dejó al menos 162 personas muertas el pasado 3 de febrero en dos pueblos del estado de Kwara, según reportó la Cruz Roja.
El Gobierno nigeriano acusó a Boko Haram sin que el grupo haya reivindicado la ofensiva. La matanza fue condenada a nivel internacional, desde Estados Unidos y el Vaticano, hasta Naciones Unidas. Según reportes locales, los atacantes se hicieron pasar por predicadores antes de masacrar a la multitud.
Desde 2009, Nigeria se enfrenta a una insurgencia yihadista en el noreste del país, con grupos rivales afiliados al autodenominado Estado Islámico, como el ISWAP, o a Al-Qaeda, como el JNIM (Grupo de Apoyo al Islam y los Musulmanes).
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A esto se suma un conflicto entre agricultores y pastores, violencias separatistas y secuestros, lo que analistas califican como una espiral de conflictos.
En toda la región más de 1.800 personas fueron asesinadas entre 2021 y 2023, según Amnistía Internacional.
Un conflicto que, para el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, se scale back a lo que él cataloga como un “genocidio” de cristianos en Nigeria, acusaciones que siempre han sido rechazadas por Abuja.
Con AFP
