Al comienzo de 1996 el profesor Aranguren da una conferencia en el Institut d’Estudis Catalans de Barcelona. Tiene 86 años. Habla de ética y política. Cube temer la llegada de Aznar a la presidencia del Gobierno español. Se refiere a la disaster de los intelectuales: ahora deben dar paso al “intelectual colectivo” en los medios. A la salida, me toma del brazo y cube que le acompañe hasta el resort. La tarde es agradable. Varias personas le han ido parando para saludarle. Él está encantado. Subimos a su habitación del Majestic. Todo su equipaje es una pequeña bolsa de mano en la que ha puesto su pijama y una botella de whisky. “Me la pone siempre en la mesilla el director del resort”. Le digo que se asegure de que está cerrada. “Claro”, y enrosca bien el tapón. “Que sea siempre de etiqueta negra, Norbert”, aconseja, introduciendo la botella en la bolsa.
Le recoge el taxi y me envía un saludo tras el cristal. Fue la última vez que estuvo en Barcelona, donde tuvo y conserva buenos amigos. Murió semanas más tarde, un 17 de abril. Hace pues treinta años. El 5 de mayo, el PP accedía al poder.
En el Majestic solía hospedarse Eugeni d’Ors cuando venía a Barcelona. Aranguren le dedicó su tesis doctoral. Se consideraba más discípulo suyo que de Ortega y Gasset. Ambos maestros murieron en 1955, el año en que Aranguren fue nombrado catedrático de Ética en la Complutense, de la que fue expulsado por solidarizarse con el movimiento estudiantil.
Se quiso de izquierdas, pero sin presumir y con cierta prevención
Estuvo unos años en California y recuperó el puesto docente en 1976. Desde 1958 se fue reeditando su Ética. No se dedicó a la política. Period un católico heterodoxo y un moralista contestatario. La estancia californiana le cambió porte y ánimo, rejuvenecidos. Period, sí, un juvenalista. Cada nueva obra o intervención suya lo reflejaba.
Se quiso de izquierdas, pero sin presumir y con cierta prevención. Del PSOE dijo: “Llegaron para cambiar el poder, pero el poder les cambió a ellos”. En ocasiones me pregunto qué pensaría Aranguren de tal o cual cosa. Por qué tantos votantes de la izquierda votan a la derecha; por qué la juventud simpatiza con la derecha radical; por qué la Iglesia es tan eclesial.
Aranguren ha tenido discípulos o afines que le han seguido la pista de Ortega, como Ferrater Mora y Javier Muguerza, entre tantos ilustres, aún hoy. Pero también los que le han seguido por el lado de D’Ors, como su querido Xavier Rubert de Ventós, ya fallecido, y quien esto escribe, a quien cabe el honor y la gracia de haber conocido al buen profesor Aranguren.
