La Torre Montparnasse, uno de los edificios más polémicos de París, cerró sus puertas para iniciar una ambiciosa renovación con la que busca modernizar su imagen y mejorar su eficiencia energética. El proyecto, valorado en más de 600 millones de euros, reabre además el debate sobre el urbanismo vertical y el impacto de los rascacielos en la identidad histórica de la capital francesa.
Inaugurada en 1973 como emblema de la modernización de París, la Torre Montparnasse nunca dejó de ser objeto de controversia. Para muchos parisinos, su silueta de 210 metros representa una ruptura con la estética histórica de la ciudad, al punto de ser apodada como “la verruga de París” .
Aun así, se ha consolidado como un punto turístico relevante, con más de 30 millones de visitantes que han subido a su mirador para observar la capital francesa desde las alturas.
El proyecto de renovación, impulsado por un consorcio de inversores privados, contempla una transformación integral: nueva fachada, espacios verdes, áreas deportivas, un lodge de lujo y mejoras en la eficiencia energética.
Sin embargo, el plan enfrenta resistencia de asociaciones vecinales y defensores del patrimonio, que cuestionan el alcance actual de la intervención ambiental y advierten que la torre seguirá alterando el paisaje urbano de París.
Más allá de la arquitectura, el caso reabre un debate más amplio sobre el modelo de ciudad y la densificación urbana, un tema que también resuena en grandes capitales de América Latina. En paralelo, el complejo asociado —incluyendo torres anexas y un centro comercial hoy en declive— será también remodelado en distintas fases, aunque persisten dudas sobre el impacto en los pequeños comercios y la identidad del lugar.
Un reportaje de Aurore Cloé Dupuis, Stéphanie Cheval, Florence Gaillard para France 24.
