A Tom Morello (Nueva York, 62 años) le gusta utilizar una palabra que muchos músicos dejaron de pronunciar hace tiempo: resistencia. La emplea de forma pure, como cuando habla de canciones, acordes o carretera. El 27 de junio actuará en el festival BBK Legends, en Bilbao, y resume así, en entrevista por videoconferencia, el espíritu de la cita: “Será una celebración de la guitarra y de resistencia”. Han pasado más de tres décadas desde que Rage Against the Machine, la banda con la que despuntó, dio un zapatazo en la cultura well-liked, y sigue sin ver contradicción alguna entre ambas cosas, música y rebelión.
Curioso: el rock and roll parece, desde su inicio, sinónimo de diversión; la política es, para muchos, justo lo contrario: un rollo. El guitarrista discrepa: “La música rock ha sido extremadamente política desde el principio. La thought de un artista blanco como Elvis Presley cantando con voz de artista negro y convirtiendo a audiencias blancas a la música negra fue una declaración increíblemente política, incluso si las letras trataban de amor. La música de John Coltrane, puramente instrumental, desafía las convenciones y las normas de cómo se puede tocar un instrumento o cómo se puede ver el jazz, y de la misma manera desafía las convenciones en la sociedad”.
El pasado 31 de marzo se unió a Bruce Springsteen en una gira de 19 grandes recintos titulada Land Of Hope And Dreams (Tierra de la Esperanza y los Sueños), movido por ese mismo instinto insurgente. “Fueron conciertos muy divertidos, pero también muy serios políticamente, porque creo que, como artista, tu responsabilidad es no esconder quién eres en lo que haces. La cosa más divertida del mundo sería ser falaz en tu arte, intentando decir que estamos pasando un buen momento cuando en realidad tienes concepts de cómo el mundo podría ser lugar más justo”. El 3 de octubre volverá a unirse a Springsteen en el concierto Energy to the Folks, en Columbia (Maryland), muy cerca de Washington, organizado por Morello y también con Foo Fighters, Joan Baez, Serj Tankian (System of a Down), Cypress Hill, Dave Matthews y Jack Black, entre otros.
Hasta tal extremo lleva sus inquietudes que uno llega a dudar de si se considera un músico o un activista que usa la música como otros un megáfono. “No escogí ser guitarrista”, responde. “La guitarra me eligió. Fue una llamada, casi religiosa. Pero una vez que tuve esa llamada, tuve que encontrar la manera de llevar mis convicciones a mi vocación. Me atrapó el ser un guitarrista, pero también el tener una perspectiva revolucionaria sobre el mundo, y traté de encontrar un camino donde pudiera ser tan efectivo como fuera posible mientras tocaba solos de guitarra”.
Revolución… Morello otorga a la solemne palabra un aire cotidiano, doméstico. “Significa no aceptar las cosas como son y no permitir que las relaciones humanas injustas sean normalizadas. En mi opinión, es revolucionario entretener y enfrentar al público con un ataque de alegría y justicia”. Añade: “La mayoría de mis influencias más grandes con respecto a la cuestión de la música y el compromiso social no fueron músicos, sino activistas políticos: Black Panthers, Climate Underground, movimientos anticoloniales en el Tercer Mundo, las brigadas Lincoln que lucharon en España contra los fascistas”. En cuanto a músicos, cita a Woody Guthrie, Public Enemy o System of a Down. “No concibo la música separada del activismo político. La vida es algo en lo que uno debe implicarse”.
Los Estados Unidos de la era Trump no le hacen especialmente feliz. “Me preocupan muchas cosas, es una lista larga. Creo que estamos frente a alguien que quiere ser el dictador de la democracia cada día, desde su terrible política extranjera hasta las tácticas para perseguir inmigrantes en sus propias casas. Probablemente peor que todo eso es el antiintelectualismo y la anticiencia, que conducen a políticas que están deshaciendo décadas de trabajo ambiental y ayudando a que el planeta se mueva hacia la destrucción. América es un lugar mucho más peligroso de lo que period. Es un momento muy, muy peligroso y desearía poder retirarme y sentarme en una playa, pero eso no va a suceder pronto. Todavía hay trabajo por hacer”.

A lo largo de tres décadas en la música, ha repetido esa thought de muchas maneras distintas, pero pocas veces de forma tan combativa como ahora. “Si ha habido un mensaje durante toda mi carrera, es que el mundo no va a cambiarse a sí mismo. Es responsabilidad nuestra que cambie. La historia no es algo que sucede; es algo que nosotros hacemos. Cuando el mundo ha cambiado en formas progresivas, radicales o incluso revolucionarias, ha sido por personas que no son diferentes a quienes están leyendo esto ahora mismo. Esas personas que han cambiado el mundo no tienen más coraje, poder, dinero o inteligencia que los lectores de esta entrevista”.
Detrás de esa convicción hay también una experiencia private. Nacido en Nueva York en 1964, hijo de un diplomático keniano y una profesora con raíces italianas e irlandesas, Morello creció en Libertyville (Illinois), en una comunidad mayoritariamente blanca. “No tuve que leer libros de filósofos políticos para aprender de las relaciones humanas y la injusticia. Me encontré con ellas en el patio cuando tenía cuatro o cinco años. La thought de que había odio, ignorancia e injusticia en el mundo fue algo que me visitó muy joven”. Su madre, también activista, fue figura esencial en su crecimiento (su padre regresó a Kenia cuando Tom period aún bebé). “Nunca me hizo sentir inferior de ningún modo, a pesar de que el mundo me estaba intentando decir que lo period. Siempre tuve un corazón muy fuerte gracias al apoyo y el amor de mi familia”.
Mucho antes de convertirse en una de las guitarras más reconocibles del rock contemporáneo, fue un adolescente obsesionado con las seis cuerdas. Durante años intentó recorrer el mismo camino que los grandes virtuosos de los ochenta. “Al principio period un guitarrista muy rápido, muy influido por Randy Rhoads, Eddie Van Halen y gente así”. La búsqueda cambió de dirección cuando dejó de intentar parecerse a otros. “No fue hasta el principio de Rage Towards the Machine cuando comencé a encontrar mi propia voz en el instrumento. Empecé a identificarme como el dj de la banda. Desvié mi atención de los guitarristas tradicionales hacia los sonidos animales o mecánicos, intentando recrear los sonidos de la industria y la naturaleza”.
Aquella decisión terminó definiendo toda su carrera. “Eso, combinado con los grandes riffs pesados de mis bandas favoritas como Black Sabbath y Led Zeppelin, me llevó a encontrar una voz auténtica en el instrumento”. Para Morello, lo que distingue a un gran guitarrista de uno simplemente bueno es la personalidad. “Una de las cosas que más me impresionan de los guitarristas es cuando tienen su propia voz en el instrumento. A veces puede significar tocar muchas notas muy rápidamente, otras tocar con emoción, otras con sonidos de otro mundo que nunca has escuchado antes”.

A los 62 años continúa buscando nuevos desafíos. El siguiente llegará en forma de disco. “Será mi vigésimo segundo álbum, pero el primero de rock solo como Tom Morello. Quería hacer un álbum con todos los riffs al estilo de Rage Towards the Machine y Audioslave [el grupo que formó tras la disolución de RATM] y la profundidad de las letras de Bruce Springsteen, Bob Dylan o Roger Waters. Quería tomar el peso y el poder del rock de toda mi existencia y traerlo a 2026 para hacer un álbum moderno y pesado que sea tan devastador musicalmente como políticamente relevante”. En el proyecto participa su hijo Roman, también guitarrista.
Si tuviera que escoger una sola canción de Rage Towards the Machine para explicar el presente, no duda: “La primera que me viene a la mente es Killing within the Title. Frederick Douglass [esclavo y posterior abolicionista de mediados del siglo XIX] escribió en su autobiografía que el día en que se liberó no fue cuando le quitaron las cadenas; fue el día en que el amo dijo sí y él dijo no. Y eso es Killing within the Title: un rechazo de la autoridad ilegítima. No necesitas someterte a la autoridad ilegítima. Ya sea en tu casa, en tu colegio, en tu lugar de trabajo o en tu país. Siempre puedes levantarte contra ella”.
Pero no todo en la vida de Morello ha sido tan serio. En 1986, recién graduado en Harvard, donde estudió Ciencias Sociales, trabajó de stripper en despedidas de soltera en Los Ángeles para ganar algo de pasta. “Quería vender camisetas de Iron Maiden y ni siquiera conseguí ese trabajo”, cube. “No pasé ningún casting; entré por medio de un amigo. Es un trabajo como otro cualquiera. Hay una vieja frase: el alquiler no va a pagarse solo”, bromea.
