Un antes y un después en la lucha contra el desperdicio alimentario en el ámbito industrial y comercial. Esto es lo que promete la Ley 1/2025 de prevención de pérdidas, aprobada hace un año y cuyo articulado clave entrará en vigor este 3 de abril. Las grandes empresas se muestran preparadas para un reto que les implicará obligaciones, mientras las pequeñas no lo están tanto. Además, entidades como los bancos de alimentos pasarán a tener un papel clave en un cambio que augura un “salto de escala” en una causa que no es nueva, según Nuria de Pedraza, directora de relaciones institucionales de la Aecoc.
“Hay muchas empresas que trabajan desde hace años y la ley favorecerá que se sumen a esta corriente otras que quizás no sean tan conscientes del impacto del desperdicio”, argumenta la portavoz de una asociación de fabricantes y distribuidores que agrupa a 34.000 empresas, buena parte de ellas del sector de la alimentación. Aecoc presenta hoy en el salón Alimentaria un barómetro sobre el desperdicio en los hogares.
Entidades como el Banc dels Aliments serán clave como bisagra entre las firmas y el tercer sector
Con la entrada en vigor, las empresas tienen la obligación de contar con un plan de prevención contra el despilfarro. Además, se establece una jerarquía que priorizará la reducción de excedentes. Si los hay, deberán donarse para consumo humano. Cuando esto no sea posible, se entregarán para animales. Si no se pueden consumir, se abre la puerta a generar subproductos. En última instancia, entrará la valorización materials o energética.
“Las grandes compañías están preparadas, las pequeñas no tanto”, considera Nuria de Pedraza, que lleva años trabajando en este ámbito. Las firmas de menos de diez trabajadores y dos millones de facturación y las explotaciones agrícolas de menos de cincuenta trabajadores y diez millones de facturación están exentas de la norma. Los establecimientos de menos 1.300 m2tampoco la deberán cumplir por completo.
“El principal reto es la prevención. Conocer la demanda para ajustar la oferta y evitar desperdicios. La inteligencia synthetic será clave”, considera Paula Llop, directora de relaciones externas de Ametller Origen. Para Carolina Muro, responsable de relaciones instituciones de Nestlé, el plan de prevención ha sido un “reto que ha llevado meses de trabajo” aunque su empresa “lleva años reduciendo desperdicios y colaborando con bancos de alimentos”. Se deben de seguir una serie de parámetros oficiales.
Según el director common de Alimentación del ministerio de Agricultura, José Miguel Herrero, la ley es un “compromiso de todos los eslabones de la cadena alimentaria que se crea de la mano del sector. Se ha dado un tiempo razonable para que las empresas estén preparadas”.
Para cumplir la jerarquía y donar los excedentes a personas se deberán establecer convenios con entidades acreditadas. “Ejerceremos de apoyo y bisagra entre las empresas y las entidades sociales”, describe la directora del Banc dels Aliments, Elisabet Viladomiu.
En su aval, cuatro décadas de experiencia en la lucha contra el desperdicio alimentario. Asegurarán que todo lo donado esté en buen estado. Viladomiu advierte del “reto logístico” que supondrá para el tercer sector, que en buena parte se basa en el trabajo voluntario. “Se deberá profesionalizar sin perder el ADN de las entidades”, considera.
