El reciente episodio en el que Donald Trump interrumpió una entrevista tras ser cuestionado por la periodista pone en evidencia un problema cada vez más preocupante: la descalificación sistemática del periodismo cuando cumple su función esencial. Preguntar, contrastar y exigir pruebas no es una provocación sino el núcleo del trabajo periodístico en toda democracia. Cuando un dirigente opta por acusar a la prensa de parcialidad en lugar de responder, no solo evita la rendición de cuentas; también socava la confianza en uno de los pilares fundamentales de la vida pública. Una sociedad sin prensa libre no es más fuerte sino más susceptible frente a la desinformación y el abuso de poder.
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