No sé si la consellera de Salut, Olga Pané, hablaba más como consellera, como ciudadana atónita o creyendo quizá que estaba en una tertulia cuando dijo en una radio que “no daba crédito” a los detalles en torno al caso del bebé de seis semanas maltratado presuntamente por sus propios padres. Pané calificó todo el asunto de “insólito y tristísimo”.
Tengo la sospecha poco higiénica de que si la opinión pública no estuviera ahora mismo más consumida con la historia de la eutanasia de Noelia Castillo –¿en qué momento perdió el apellido en los titulares esta mujer tan joven y desgraciada?, ¿quién decidió que nos podíamos referir a ella solo como Noelia?–, se estaría hablando más del bebé que sigue ingresado en Vall d’Hebron y que ha pasado a estar bajo custodia de la Generalitat. Todo lo que sabemos sobre el caso se escapa a lo que estamos programados para entender.
Lo que sabemos sobre el caso del bebé maltratado presuntamente por sus padres se escapa a lo que estamos programados para entender
El bebé tiene apenas seis semanas. Sus padres, de 42 y 43 años, lo tuvieron, al parecer, después de un proceso de reproducción asistida. Period, por tanto, un hijo muy deseado. El padre es empleado en una fábrica y la madre, enfermera, lo que descoloca aún más. Nadie espera violencia de alguien que ha elegido trabajar cuidando. Ambos, al parecer, han colaborado con la investigación y en su casa y en sus ordenadores no se ha encontrado, de momento, nada que los relacione con el abuso infantil. El bebé presentaba lesiones graves cuando lo llevaron al hospital, algunas compatibles con el abuso sexual.
Nunca, bajo ningún concepto, es recomendable abrir la sección de comentarios en las noticias de este tipo. Lo hice igualmente. Encontré allí las ya clásicas variantes del “¿comen jamón?”, es decir, bulos racistas infundados que no pueden faltar ya cuando se reporta sobre cualquier crimen y que se han dado también, por cierto, en el caso de Noelia Castillo. También period previsible leer, y no faltaron, las esperables fantasías de castigo ejemplar con toque medievalizante a los presuntos culpables. Hay quien sueña con ejecuciones públicas como quien sueña con que le toque el Euromillón.
Me paré de súbito en este comentario, publicado por un lector en este mismo diario: “Si la pareja period gente regular… ¿cómo se convirtió en anormal? Si parece que hicieron un esfuerzo por tener un bebé, ¿cómo le hicieron daño?, ¿En qué momento te vuelves loco?”. En mi cabeza, respondí a esa persona como un resorte: “Nadie es regular”. Y después, aun sabiendo que en cualquiera de nosotros puede anidar un monstruo, tuve que admitir que me pregunto lo mismo.
