En estas elecciones andaluzas celebradas ayer todos desafiaban sus expectativas. La de Juanma Moreno period mantener la mayoría absoluta y repetir el milagro matemático de 2022; la de Montero quedar por encima de los treinta diputados de hace cuatro años. Ninguna de las dos se ha cumplido.
Este mediodía el PSOE ha convocado en su sede sevillana de San Vicente una rueda de prensa donde el director de campaña, Fernando López Gil dará explicaciones sobre lo ocurrido.
Montero ha despejado esta mañana su futuro político y ha dicho que renunciará a su acta de diputada en el Congreso y que asumirá el cargo de de líder de la oposición al Gobierno de Moreno
Juanma Moreno, por su parte, debería participar, como es tradición después de unas elecciones, en la junta directiva del PP en Madrid y ya, posiblemente por la tarde, reúna a los suyos en Andalucía para compartir la amarga victoria que va a definir el rumbo de los próximos cuatro años con Vox como compañero de piso en el palacio de San Telmo, la sede del gobierno de la Junta.
El impulso de los ‘cupaires’ andaluces
Tiempo habrá para averiguar con detalle qué ha pasado en estas elecciones. Por qué en una campaña almibarada en la que Moreno trataba sobre todo de no activar al electorado del adversario y en la que Montero quería conseguir poner en pie a los suyos ha acabado dando impulso a una candidatura que ni tan siquiera concurrió en las autonómicas de 2022, de carácter soberanista.
Adelante es la CUP andaluza. Su excelente resultado no va a cambiar en nada la correlación de fuerzas pero envía dos mensajes, el primero constata que la izquierda sigue legitimando subdivisiones -no olvidemos que Adelante es un ahijado de Podemos nacido en Cádiz- mientras que el conjunto de la derecha obtiene el 58% de los votos, dos puntos menos que en 2022, pero en definitiva, sigue siendo más convincente para la mayoría de los andaluces que la miríada de proyectos progresistas.
Una movilización que toma otro camino
El segundo mensaje es que la reacción que pretendía impulsar María Jesús Montero contra la corrosión del servicio público y el proyecto neoliberal de Juanma Moreno sí ha logrado calar en una parte del electorado andaluz… que ha optado por impulsar un camino político distinto.
Puede parecer una anécdota pero en los 13 mítines que hizo María Jesús Montero en esta campaña solo en el último sonó el himno de Andalucía. Es un detalle insignificante, sí, pero tal vez el partido socialista de Andalucía debería preguntarse hasta qué punto detrás de las derrotas que va acumulando desde 2018 -cuando ganó pero perdió el gobierno- no paga la renuncia a ser el partido andalucista que abanderó Rafael Escuredo, el primer presidente de una Comunidad que batalló para ser una comunidad histórica, en pie de igualdad con Catalunya, País vasco y Galicia.
Las cuentas pendientes del Gobierno de Sánchez
Y ahí detrás tal vez también esté la impresión de que la Administración central tiene mucho trabajo por hacer en Andalucía en materia de infraestructuras -trenes, autovías…- y que el PSOE andaluz no solo está para exprimir electoralmente a su vaca magra del sur. Ha de hacerse valer y hacer valer su autonomía.
La vía moderada para Feijóo, cegada
Respecto al PP, la vía andaluza ha quedado cegada y eso es trascendente para el rumbo que deberá seguir Alberto Núñez Feijóo hasta que el presidente del Gobierno decida convocar elecciones. El moderantismo en las formas de Moreno -su proyecto político no es muy distinto del de Ayuso, pero sí su manera de explicarlo- period un vía alternativa al barullo permanente de Madrid.
El domingo, algún rotativo madrileño ya advertía en su línea editorial que el “experimento” de Moreno, su moderación, no podía significar una renunciar al conflicto frontal con el adversario socialista.
