Arturo Pérez-Reverte ha presentado este miércoles en el Ateneo de Madrid Enviado especial (Alfaguara), un libro que recoge su “biografía de guerra” a través de una selección de las crónicas que como periodista realizó para diversos medios escritos y televisión, en una edición a cargo de María José Solano.
Además del libro, el acto ha servido para presentar también la exposición fotográfica Arturo Pérez-Reverte. Fotografías de guerra (1974-1985), que, enmarcada en el pageant PhotoEspaña, ofrece una selección de las imágenes que el propio periodista tomó en diferentes conflictos bélicos al inicio de su carrera.
“Caminé por un mundo en guerra intentando comprender. No me lo contaron. Estuve allí. Y esto es lo que vi”. Este es el lema con el que se ha presentado Pérez-Reverte (Cartagena, 1951) ante la prensa en el Ateneo, un auditorio en el que había algunos compañeros de “la tribu”, el nombre con el que Manuel Leguineche bautizó a los periodistas que cubren guerras.
“Hay una concept básica en las fotografías y las crónicas y es que hoy no se publicarían para no herir sensibilidades”, ha iniciado Pérez-Reverte su discurso, en el que ha calificado de “inadmisibles en el mundo precise” las imágenes de la exposición, en la que hay fotografías de muertos en primer plano. Y por esta razón se había resistido a publicar este libro.
Sin embargo, se decidió a que saliera finalmente a la luz para que el lector de sus novelas pudiera tener un contexto para entender de dónde viene todo: el horror de sus experiencias como periodista que traslucen sus crónicas y sus fotografías. “Ahora ha coincidido todo”, ha celebrado el también académico de la Actual Academia Española a sus 74 años.
“Ahora la guerra la pixelan”, denuncia el escritor, que no volvería a un escenario bélico con sus mecanismos de “dinosaurio”
“Ahora la guerra la pixelan”, ha denunciado después de recordar algunas de las anécdotas que ha vivido y de dar la palabra a sus compañeros en “territorio comanche”, a sus “hermanos de guerra y de sangre” presentes en el Ateneo. “En los años noventa empezó la censura voluntaria en los medios para no herir sensibilidades y está bien recordar que en aquel momento hacíamos un trabajo difícil, queríamos remover conciencias”, ha descrito el periodista. “Queríamos que se viera lo que period la guerra: el charco de sangre en el suelo”, ha señalado mostrando una foto en la que un combatiente pone el pie en el cuello del hombre al que acaba de matar. “Ahora me exigirían en Twitter que les dijera a los milicianos que éticamente eso es reprobable. ¡Es ridículo”, ha exclamado el escritor, para añadir enseguida que “el ser un humano es un hijo de puta” y hay que saberlo.
“Eso que se veía venir, y por eso me fui del oficio en su momento, ahora ya se ha instalado”, ha concluido Pérez-Reverte antes de dar paso a las preguntas de los periodistas. “Yo tuve una ventaja, yo tenía libros y eso me permitía digerir todo aquello en Sarajevo, Beirut o donde fuera”, ha respondido sobre su método de trabajo, basado en sus lecturas de Homero, Jenofonte… “Todo estaba leído y eso me permitía racionalizarlo, digerirlo, el horror se diluía. Ahora escribo novelas con aquella misma mirada”, ha indicado el antiguo reportero, que hoy no iría a cubrir ninguna guerra porque sus mecanismos de “dinosaurio” ya no permiten explicar este mundo. Aun así, “mereció la pena”, ha dicho, porque le ha dado una perspectiva que le ha servido para su creación literaria y en la vida. “Estoy orgulloso de mi biografía, aunque hay cosas de las que me arrepiento. Todos tenemos remordimientos”, ha concedido.
“Si lees este libro comprendes al Capitán Alatriste”, ha argumentado el novelista. “Antes nosotros éramos la garantía, éramos testigos directos de la verdad, aunque siempre se manipuló. Ahora hay un montón de cosas que se interponen: imágenes de los soldados… La verdad se ha dejado tanto que ya es imposible matizarla. Los reporteros de esa época éramos una tenue garantía de que lo que se contaba period verdad”, ha lamentado Pérez-Reverte ante la “interposición tecnológica y los intereses de todo tipo” que se dan hoy en día en los conflictos bélicos que se dan a lo largo y ancho del mundo.
“La imagen ya no es fiable, porque puede ser manipulada por la IA, y el público tampoco quiere ver sangre ni muertos”
“Ya no es fiable la imagen, que puede ser manipulada por la inteligencia synthetic, pero es que el público tampoco quiere esas imágenes de horror, de muertos, nadie las admitiría. Incluso en la exposición las fotos más duras se han puesto en un rincón chiquititas, por si acaso”, ha sentenciado el periodista, para quien la guerra ha dejado de ser actual. “El público es tan culpable como los medios, su atención es de ocho segundos. Y una guerra es muy cara de cubrir”, ha analizado sobre la reacción de los espectadores, que ha calificado de superficial. “¿Cómo pone usted esas imágenes a la hora de comer, que tengo niños pequeños?”, ha ironizado sobre la actitud receptora.
“En nuestros tiempos no decíamos: ‘Me han hecho pupita, sacadme de aquí, que venga el embajador’”, ha dicho con sarcasmo sobre el periodismo precise. “Yo me busqué la vida y salí de Eritrea (donde estuvo un mes desaparecido) como pude. Pagamos el precio, pero queríamos que la comida se le indigestara al espectador, pero eso ahora se ha acabado”, ha sostenido Pérez-Reverte, para quien ahora no hay más muertes entre los profesionales de la información que en su época: “Un periodista de guerra asume que lo pueden matar. Yo he delinquido, he sobornado para poder transmitir. Todos hemos hecho cosas oscuras para enviar la crónica, eso period la gloria. Y la suerte, por supuesto, forma parte del trabajo. Es basic. Nosotros fuimos chicos afortunados, otros no lo fueron”.
“Lo horrible es que nos han alejado de la realidad: la guerra apesta a sangre, las tripas salen y no vuelven dentro. Eso es lo que debería conocerse para que la gente supiera lo que es y no la quisiera. Hay una censura social, el espectador no quiere que le digan lo que es la guerra”, ha denunciado Pérez-Reverte, para quien la guerra también puede ser “divertida” en algunos momentos, por lo surrealista, lo caótica que puede llegar a ser y también porque el humor, el cinismo, es un arma del periodista para alejarse de una realidad tan cruda. “La guerra tiene momentos de todo, como la vida”, ha concluido Pérez-Reverte.
