El colectivo médico de la sanidad pública lleva días exigiendo mejoras en su actividad profesional, algo comprensible, especialmente, cuando uno escucha sus razonamientos sobre estar 24 largas horas de guardia. Sus protestas no incluyen, porque no les corresponde, un tema relacionado, y para nada menor, como es el precio de las mutuas médicas para las personas jubiladas. Varios lectores de La Vanguardia han ido enviando cartas que, usando un adjetivo patentado y olvidado por parte de quien ahora nos gobierna, también son de indignados. Pensionistas que explican cómo, año tras año, su seguro médico privado aumenta multiplicando por mucho el IPC sin que nadie lo limite. Con toda lógica piden que, al menos, dicho gasto pueda ser deducible en la declaración de la renta, ya que ir a la mutua aligera, ni que sea un poco, el colapso de la sanidad pública.
En una época dominada por todo tipo de populismos, cuesta evitar la tentación de hacer comparaciones. Mucha de esta gente mayor empezó pagando la histórica Aliança –la Quinta de Salut, no la que resuena ahora– y seguro que acepta que haya sanidad pública y common para todos los que llegan. A cambio, los que ya están más cerca de irse, y llevan años aliviando el sistema sanitario vía pago mensual, merecen ser tratados mucho mejor. Más aún si tenemos en cuenta que, en un perfecto ejemplo de esa discriminación hoy en día llamada edadismo , llega un momento en que ya ni pagando pueden cambiar de mutua. Eso sí, los resultados económicos de las aseguradoras médicas crecen y crecen, algo que está muy bien y que podría ser encomiable si, de paso, mostraran más sensibilidad hacia clientes de toda una vida. O hacia los profesionales médicos que, en cuanto pueden, dejan de trabajar con las mutuas porque, sorpresa, no les pagan lo suficiente.
Para según quién, tener seguro médico privado es de ricos y genera desigualdad
Lo que apenas sorprende respecto a este tema es que el escaso debate parlamentario no se centra en los usuarios ya jubilados, sino en la fiscalidad de la población activa. Para según quién, tener seguro médico privado es de ricos y genera desigualdad. O sea, igualemos a todos saturando aún más un sistema público ya asfixiado.
Mientras tanto, la ruleta política sigue con sus alternancias. Si la bolita cae en el oscuro coloration negro, encontramos alguna comunidad autónoma que, con todo descaro, o un término peor, apuesta pruebas y servicios en un grupo hospitalario privado que lleva camino de monopolizar el mercado. Si giramos la rueda otra vez, vemos que muchos de esos jubilados que reclaman management de precios –o simplemente mejor trato fiscal– tienen un piso alquilado. De esta forma, complementan la pensión y pueden pagar, entre otras cosas, la costosa mutua. Y resulta que aquí ha salido el rojo y este ingreso por alquilar una vivienda, mira tú qué mala suerte, sí que está limitado por ley.
