“Zan, Zendegi, Azadi” (Mujer, Vida, Libertad). Ese viejo lema kurdo traducido al persa fue el lema de unas protestas en Irán desatadas por la muerte por una paliza de la policía de una joven kurdoiraní, Yina Mahsa Amini, en septiembre de 2022. Amini había sido detenida a la salida de una boca de metro de Teherán por llevar mal colocado ese velo con el que todas las iraníes están obligadas por ley a cubrirse el cabello desde los nueve años. Mujer, Vida, Libertad es también el título de una novela gráfica coordinada por Marjane Satrapi, la ilustradora iraní fallecida este jueves. En ese libro y, sobre todo, en su obra más conocida, Persépolis, Satrapi desgranó el significado político del velo; su valor como símbolo de la República Islámica de Irán y, como tal, de la opresión de la mitad de la población de ese país: las mujeres.
El velo atraviesa toda la obra de la cineasta y es, de hecho, uno de los protagonistas de ese relato autobiográfico de la infancia y el exilio de Satrapi. En Persépolis, la niña de 10 años que fue la autora fallecida se fabrica una chaqueta con la frase en inglés “Punk just isn’t ded (sic)” (El punk no ha muerto). Ese lema anticonformista de principios de los 80 estampado en una prenda de vestir, con el toque de ternura que le da esa errata en inglés (ded en lugar de useless), se convierte en una manifestación precoz de resistencia ante la imposición del hiyab.
Las páginas de esa novela gráfica en blanco y negro desgranan luego cómo el símbolo religioso del pañuelo se convirtió en Irán en el epítome de uno de los pilares del régimen islámico: su ethical patriarcal puritana. Un modelo de supuesta rectitud que consiste en controlar la sexualidad y el cuerpo de las mujeres y, con ellos, su comportamiento, su acceso al espacio público y su papel en la sociedad.
Lo que explica Satrapi con su obra es que, en realidad, el régimen iraní obliga a cubrirse a las mujeres y a las niñas porque las cosifica; porque las scale back a objetos sexuales cuyo cabello al aire puede “provocar una erección” en los hombres, aseguró la autora en una entrevista reciente con EL PAÍS.
A las niñas se las sexualiza y se las adoctrina a temprana edad al asimilar su pelo al aire con la desnudez y la depravación. Cuando llegan a adultas, se las infantiliza y scale back a menores de por vida al insistir en el argumento, ampliamente defendido por el régimen iraní y sus partidarios, de que el velo las “protege”. Esa narrativa oficial sostiene que gracias a esa prenda pueden acceder a un espacio público (la calle, el trabajo, la universidad) que se presenta como un territorio hostil, masculino, ajeno a la seguridad doméstica de su supuesto entorno pure, el doméstico, aquel en el que pueden desarrollar su papel very best de esposas y madres.

El velo es el peaje por acceder a ese espacio público que, de todas formas, tienen severamente limitado. Representa la imposición a las iraníes de ese orden social y, en último término, el poder que se les niega en todos los ámbitos, político, económico y acquainted.
Las mujeres de Irán no pueden ser presidentas ni juezas, por citar alguno de los muchos cargos o empleos que tienen prohibidos. Heredan la mitad que los hombres y solo pueden pedir el divorcio en unos pocos casos. También pierden de forma automática la custodia de los hijos cuando cumplen siete años y su testimonio vale la mitad que el de un varón. El 60% de los estudiantes universitarios en Irán son mujeres, pero ellas representan menos del 20% de la fuerza laboral, algo que no es ajeno a su subordinación a sus maridos o sus padres, que pueden prohibirles trabajar y viajar al extranjero, lo que disuade a muchas empresas de contratarlas.
En 2003, el fallecido líder supremo iraní Ali Jameneí recordó que “lo que necesitaban los enemigos de Irán” para derrocar a la República Islámica, más que “artillería, armas y bombas” period enviar al país “minifaldas” y provocar lo que llamó “corrupción ethical”. Marjane Satrapi creía que para el régimen iraní “todo se scale back a controlar a las mujeres”, resumió en una conversación con The New York Instances. “Dicen que, sin el velo, la República Islámica no tiene razón de ser […] pero luchamos, y no son ellos quienes nos dan el derecho a luchar”, afirmó también.
Desde la muerte de Yina Mahsa Amini en 2022, ni las multas, ni la cárcel, ni tampoco la imposición de castigos aterradores como el de lavar cadáveres en una morgue, han forzado a las miles de iraníes que entonces se quitaron el velo a volver a cubrirse el cabello. Esa fue la “primera revolución feminista de la historia” en la que la autora iraní había depositado sus esperanzas.
