Los socios de investidura han cerrado filas en torno a un rechazo nítido a la escalada bélica en Oriente Próximo tras la comparecencia realizada este miércoles por el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en el Congreso. Con matices y distintos grados de exigencia, las formaciones que sostienen al Ejecutivo han coincidido en reivindicar el “no a la guerra” como eje de su discurso, al tiempo que han elevado la presión sobre el propio Gobierno para que traduzca esa posición en decisiones concretas en política exterior y económica.
Desde Sumar, su portavoz parlamentaria, Verónica Barbero, ha ampliado el foco internacional para denunciar lo que ha calificado como “bloqueo prison” a Cuba y recordar las discrepancias con el PSOE sobre el Sáhara. En esa línea, ha reclamado a Sánchez una mayor contundencia ante la presión de Estados Unidos sobre la isla y ha advertido de que lo que está en juego “va mucho más allá de Cuba”, al afectar al principio mismo de la dignidad humana en el tablero internacional. Y en clave interna, ha defendido la negativa de los ministros de su espacio a convalidar el último paquete de medidas sin incorporar la prórroga de los alquileres, vinculando la respuesta social a la guerra con la protección de los inquilinos. Barbero ha dirigido además sus críticas contra PP y Vox, a quienes ha acusado de incoherencia y subordinación, y ha interpelado directamente a Junts al señalar el peso de grandes tenedores como Caixabank o Blackstone en el mercado de la vivienda.
El tono más contundente contra la arquitectura internacional ha llegado de EH Bildu. Su portavoz, Mertxe Aizpurua, ha instado a Sánchez a dar un paso más y liderar la salida de la OTAN en el seno de la Unión Europea, en coherencia —ha sostenido— con su oposición a la guerra. Aizpurua ha enmarcado el conflicto como un “error histórico” promovido por actores incapaces de definir sus objetivos y ha criticado la “doble vara de medir” de Bruselas entre Ucrania e Irán. Al mismo tiempo, ha advertido del impacto social de la guerra y ha reclamado certezas para la ciudadanía, combinando su respaldo parcial a las medidas del Gobierno con un rechazo frontal a las rebajas fiscales generalizadas que, a su juicio, benefician a las grandes energéticas.
En una línea igualmente crítica, Esquerra Republicana de Catalunya ha reforzado el rechazo a la guerra con exigencias concretas. Su portavoz, Gabriel Rufián, ha subrayado que el “no a la guerra” no puede quedarse en una consigna y ha reclamado al Ejecutivo que rompa vínculos comerciales en materia armamentística con Israel y Estados Unidos. Aunque ha asegurado formar parte de la izquierda que desea el éxito del Gobierno, ha advertido de que la coherencia en política internacional será determinante para sostener ese apoyo.
Más allá, Podemos ha elevado el tono al situar a Estados Unidos e Israel como la “mayor amenaza a la seguridad de la humanidad”, por encima incluso de desafíos globales como el cambio climático. Su líder parlamentaria, Ione Belarra, ha reclamado a Sánchez que actúe “en defensa de la vida” y ha criticado las medidas económicas adoptadas para paliar el impacto de la guerra, al considerar que las rebajas fiscales en combustibles serán absorbidas por la especulación de las grandes compañías energéticas. Además, ha insistido en que el “no a la guerra” debe traducirse en “acciones concretas” y ha planteado la convocatoria de un referéndum sobre la permanencia de España en la OTAN, elevando el nivel de exigencia dentro del bloque de investidura.
También el Partido Nacionalista Vasco ha reafirmado su adhesión al “no a la guerra”. Su portavoz, Maribel Vaquero, ha apelado a una posición firme de la Unión Europea frente a una contienda que, ha advertido, responde a los intereses de “unos pocos” y amenaza la seguridad international. En su intervención, ha cargado contra los líderes que conciben el orden internacional como un reparto de poder y ha defendido la necesidad de reforzar alianzas basadas en principios democráticos, sin que la condena de la invasión implique respaldo alguno al régimen iraní.
Al mismo tiempo, ha avalado la decisión del Gobierno de separar los decretos para garantizar su aprobación y ha advertido de que la guerra no puede servir de excusa para retrasar la presentación de los Presupuestos Generales del Estado.

Junts orilla el debate sobre la guerra y pone el foco en el decreto de vivienda
El consenso pacifista de las izquierdas ha contrastado, sin embargo, con el desplazamiento del foco por parte de Junts per Catalunya. Su portavoz, Míriam Nogueras, ha evitado cualquier referencia al conflicto y ha centrado su intervención en el decreto de vivienda que se votará en el Congreso, criticando con dureza las políticas impulsadas por la izquierda y alertando del desplome de la oferta de alquiler en Barcelona. La dirigente independentista ha defendido medidas como la puesta a disposición de los activos de la Sareb y ha endurecido su discurso contra la okupación y los impagos.
Ese giro ha intensificado el choque con ERC. Rufián ha acusado a Junts de “mentir” sobre el contenido del decreto: ”Por mucho que diga la derecha catalana, en ningún momento habla de expropiación, de topes ni de eliminar delitos a los okupas”. “Como casi siempre, mienten, y mi obligación es decirlo” (…) “¿Ustedes para quienes trabajan? ¿Alguno de los diputados de Junts tiene una empresa inmobiliaria?” ha preguntado dirigiéndose al grupo de Nogueras a quien ha advertido de que , si los posconvergentes tumban el decreto de la vivienda, deseará a Junts “años de ostracismo político”. “Les puedo prometer que mientras siga por aquí me esforzaré mucho para que sea así”, ha concluido.
El enfrentamiento entre ambas formaciones, ya recurrente en la tribuna, ha dejado en segundo plano la unidad exhibida en torno al rechazo a la guerra y ha anticipado una nueva batalla parlamentaria en el frente social de la legislatura.

